
La segunda derrota ante el Aris columpia al Atlético en el abismo y convierte la clasificación europea en quimera: deberá ganar al Leverkusen en Alemania y esperar algo poco probable: que no lo haga el Aris ante el Rosenborg en la caldera griega. El campeón deja una participación lamentable en Europa, sepultado dos veces ante el conjunto de Cúper y solo capaz de superar al Rosenborg, ya eliminado.
Segundo partido accidental que encadena el Atlético, dominando desde la colectividad, pero desperdiciado a partir de errores individuales, en una vuelta a los viejos malos tiempos. Lo que no se esperaba es a los dos iconos defensivos del futuro rojiblanco con semejante confusión mental. Precisamente la semana que Quique advertía que las segundas temporadas de los canteranos son otra historia, el Atlético se precipitó por los errores de sus futbolistas más tiernos. Domínguez y De Gea, marcados a guiar el futuro rojiblanco, se estrellaron en un duelo que nunca afrontaron como vital y cuyas consecuencias son definitivas. El portero, irreconocible, cometió dos errores de bulto firmando probablemente la peor actuación de su corta carrera.
Preocupan las manos frías del guardameta, hasta ahora extremadamente fiable. De dos balones francos montó dos barullos tremendos con resultado fatal. Su inesperado tembleque contagia a la defensa de un nerviosismo preocupante: 8 tantos encajados en los últimos tres partidos. En la primera jugada del encuentro, en lugar de meter el puño, De Gea aplacó con la manopla un balón llovido, provocando un carnaval de carambolas que terminó con el tanto del español Koke.
La superioridad rojiblanca era tan evidente que a poco que pisó el acelerador se encontró con dos tantos en un cuarto de hora. Primero, Forlán rebañó en el area un disparo de Simao que dejó muerto Sifakis. Instantes después, Agüero corrió a un melón de su defensa y le bastó acompañar con la mirada y rozar una sola vez el balón para derretir la zaga griega.

Tras la reanudación, varias llegadas rojiblancas a un centímetro del gol anticiparon la tormenta. Domínguez, al que Quique levantó el veto tras semanas excluido, regresó atropellado, comentiendo un penalti infantil: en el segundo palo, donde todo se ve, agarró con descaro a Vangjeli, al que le saca un palmo de altura. Koke no lo desperdició.
Con el partido patas arriba, la crispación infectó de nuevo a De Gea y compañía, que montaron otro enredo tremendo en el área, con rebotes, chillidos, miradas y el balón en la red; confirmando una derrota que tiene mucha pinta de acabar borrando al Atlético del mapa europeo esta temporada.
Segundo partido accidental que encadena el Atlético, dominando desde la colectividad, pero desperdiciado a partir de errores individuales, en una vuelta a los viejos malos tiempos. Lo que no se esperaba es a los dos iconos defensivos del futuro rojiblanco con semejante confusión mental. Precisamente la semana que Quique advertía que las segundas temporadas de los canteranos son otra historia, el Atlético se precipitó por los errores de sus futbolistas más tiernos. Domínguez y De Gea, marcados a guiar el futuro rojiblanco, se estrellaron en un duelo que nunca afrontaron como vital y cuyas consecuencias son definitivas. El portero, irreconocible, cometió dos errores de bulto firmando probablemente la peor actuación de su corta carrera.
Preocupan las manos frías del guardameta, hasta ahora extremadamente fiable. De dos balones francos montó dos barullos tremendos con resultado fatal. Su inesperado tembleque contagia a la defensa de un nerviosismo preocupante: 8 tantos encajados en los últimos tres partidos. En la primera jugada del encuentro, en lugar de meter el puño, De Gea aplacó con la manopla un balón llovido, provocando un carnaval de carambolas que terminó con el tanto del español Koke.
La superioridad rojiblanca era tan evidente que a poco que pisó el acelerador se encontró con dos tantos en un cuarto de hora. Primero, Forlán rebañó en el area un disparo de Simao que dejó muerto Sifakis. Instantes después, Agüero corrió a un melón de su defensa y le bastó acompañar con la mirada y rozar una sola vez el balón para derretir la zaga griega.

Tras la reanudación, varias llegadas rojiblancas a un centímetro del gol anticiparon la tormenta. Domínguez, al que Quique levantó el veto tras semanas excluido, regresó atropellado, comentiendo un penalti infantil: en el segundo palo, donde todo se ve, agarró con descaro a Vangjeli, al que le saca un palmo de altura. Koke no lo desperdició.
Con el partido patas arriba, la crispación infectó de nuevo a De Gea y compañía, que montaron otro enredo tremendo en el área, con rebotes, chillidos, miradas y el balón en la red; confirmando una derrota que tiene mucha pinta de acabar borrando al Atlético del mapa europeo esta temporada.


