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28 de octubre de 2011

atrapado en la tormenta. ATHLETIC 3 - ATLÉTICO 0

"En el descanso hubo pocas indicaciones, se estaban haciendo las cosas bien. El cambio ha sido sorprendente." Manzano.

  • Tres zarpazos del Athletic en 8 minutos destrozaron a un Atlético contemplativo y miedoso.
  • El conjunto rojiblanco sigue sin marcar fuera de casa en Liga. Ha perdido en Valencia, Barcelona y Bilbao; y empató en Granada.
  • El Atlético lleva 7 partidos sin ganar: 4 empates y 3 derrotas; con 2 GF y 12 GC. Se queda 12º, a 8pts de Champions y 3pts del descenso.


  • 31 de enero de 2011

    el atlético se instala en la tristeza. ATLÉTICO 0 - ATHLETIC 2




    El Atlético es un juguete roto. Da pena verlo. Últimamente, el equipo lo intenta, salen con actitud, el técnico improvisa guiones... pero de un modo u otro, siempre termina por ocurrirle algo de lo que no se recupera. Su abanico de males es interminable. Contra el Athletic, fue una expulsión y Toquero, currante metido a héroe. Seis meses después de su mejor momento en décadas, tras derrotar al Inter en la Supercopa, el Atlético sigue desaparecido. Fuera de la Copa, de la Europa League y con los puestos de Champions a años luz. Su picado sería un interesante material para una investigación sobre el psicoanálisis.

    A este equipo le pasa de todo, cierto. Pero más allá del histórico discurso victimista hay una realidad: a muy poco de lo que le sucede reacciona con soluciones de verdad. Es un grupo sin alma, ingrávido, mentalmente débil, que ha perdido sus referentes emocionales en el césped, donde su capitán flirtea con el eterno rival y la afición señala al palco con cada mal pase. Ha incubado un virus, el desánimo, que se ha extendido por todas sus grietas.

    En lo que va de temporada, no ha tenido una sola victoria ante rivales de mérito -salvo en San Mamés, precisamente- y en estos días, se ha convertido en un conjunto triste, depresivo, más necesitado de reflexiones en profundidad que de salvavidas. Lo que ocurre es que el equipo necesita oxigeno cuanto antes, por mucho que le surjan dudas existenciales a mitad de temporada, porque la cosa puede ir a peor. Basta mirar de reojo el nivel de Villarreal y Valencia para ver que están en otra dimensión. El Atlético ha perdido galones, y se ha quedado fuera de combate muy pronto, mientras el resto de clubs luchan por ser competitivos. Ahora mismo, el cuarto puesto es una quimera.

    Por mover algo, Quique había dado continuidad al rombo, con Reyes en el vértice por detrás de Forlán y Agüero, y no le fue mal durante un rato -62% de posesión al descanso-, con Tiago y Elías alargando las jugadas, cada vez más trenzadas. Peor estuvo el sevillano, salvo algún pase sobre el Kun, siempre perdido, flotando sin sitio, a menudo descolgado de sus compañeros en la media.

    No hizo el Athletic más de lo que exigía la situación. Usó sus armas y bloqueó las del rival, con una estupenda pareja de centrales formada por los jóvenes San José (21 años) y Ekiza (22). Por delante de ellos se mueve Javi Martínez, un futbolista mayúsculo, un tipo que trotando rebasa los sprints de algunos rivales. En ataque, el recurso Llorente es tan viejo como práctico. Como un pívot de baloncesto, el ariete recoge todo lo que cae por la zona y lo convierte casi siempre en algo peligroso. Lo hizo cuando amasó un balón en el área que Perea trató de robarle en los límites de la legalidad. El bigardo riojano se vino abajo y el colegiado interpretó derribo del colombiano: penalti y expulsión. El propio Llorente ajustó tanto el lanzamiento que lo mandó fuera.

    Algo parecido a un penalti tuvo Forlán poco después, cuando se quedó solo ante Iraizoz tras un pase interior de Assunçao, pero su remate apurado se marchó silbando el palo. Con diez, Quique retrasó las soluciones al descanso: parcheó con Elías en el carril diestro y se llevó a Ujfalusi al eje central. Craso error. El brasileño quedó para siempre inmortalizado en la galería de los horrores rojiblanca cuando se paró inerte con el brazo en alto mientras Toquero llegaba solo al segundo palo para rematar un preciso envío de Iraola, su mejor socio toda la tarde.

    Con Domínguez por Elías en el descanso, Quique mantuvo la línea trasera de tres el resto del encuentro, con Filipe y Reyes en los carriles, y Assunçao con Tiago en el eje. Si la defensa de cuatro sufre, la de tres fue una fiesta. Domínguez pasó una tarde horrible en su doble rol de central y lateral, y no acertó ni a cerrar ni a salir.

    Toquero finiquitó el partido tras un nuevo centro de Iraola y el Atlético pasó un calvario lo que quedó de partido. No hubo fe para llegar y el Calderón terminó por escenificar su cabreo, primero con Forlán -probablemente una de las pitadas más ruidosas a un jugador local que se recuerdan en el Manzanares-, y después con la directiva. No es el uruguayo, con sus muchos defectos, el culpable de la situación actual, y sí en cambio de los méritos recientes del club. Otro tema son los señores del palco, pero ellos tampoco jugaron ayer.

    12 de septiembre de 2010

    agüero asalta san mamés. ATHLETIC 1 - ATLÉTICO 2

    Si las victorias comienzan desde atrás, como atina Flores, inevitablemente se finalizan delante con tipos como el Kun. Remendada la defensa atlética, su concurso ofensivo es cada vez más vital. En Bilbao estuvo imparable. Literalmente. No hubo manera para el Athletic de detenerle sin golpes.

    En encuentros así, el argentino es un coloso. Batalla, presiona, cae a banda y siempre llega antes que el rival a las disputas. Tiene pausa para pivotar y vértigo para acelerar. Recorta multidirección, aguanta tarascadas y ve huecos donde pocos ven. Y su arranque es demoledor.


    De sobra es conocida su clase, sin embargo, se crece Agüero en el barro, donde se impone por cuerpo y brío. La temperatura de la Catedral debe evocarle la cancha argentina; de los choques con los bigardos vascos salió siempre ganador. Durante una hora, el partido fue suyo, hasta que Gurpegui se hartó y le atropelló sobre la línea de la frontal en una acción que lesionó a ambos.

    El Athletic preparó el encuentro desde la épica, la gresca y la pedrada. Exageradamente frontal, abusó del juego directo, donde Godín se doctoró ante Llorente. Asustó a ratos, más por el empuje de la grada, porque el balón voló más que rodó, siempre plano hacia los puntas. Tampoco pudo aparecer por la medular Javi Martínez, devorado por la mejor versión de Raúl García, cada vez más habitual.


    Sin rédito por arriba y sin segunda jugada, el Athletic solo percutía. Mientras, el mediocampo atlético barría y se lanzaba en cabalgada. Especialmente activo estuvo Simao, que lideró la mayor parte de las arrancadas. Al portugués le dará la gasolina para una temporada mucho menos cargada, y deberá volverse a sentir importante. Pudo haber vuelto agotado tras un parón de selecciones, sin embargo, su retirada internacional deja su kilometraje en exclusiva para los rojiblancos.

    Entonces, el Kun.

    A los diez minutos, Agüero cayó en banda, recibió, controló, arrancó, bailó y asistió. Caballo sobre tablero de ajedrez, barriendo rivales en L; el Kun ha hecho del regate-rebote-regate una jugada registrada. El resto es Forlán. El uruguayo lleva contra los vascos 12 goles en 13 partidos, la mitad de rojiblanco. En medio, simpático tacón-tropezón de Simao para asistir al uruguayo.


    El partido se ponía donde lo quería Quique Flores. Tocaba examen defensivo. El equipo tiró la defensa arriba para sacar a Llorente del área y multiplicó las ayudas, destacando ambos laterales en el incordio al salto. Quique ha ordenado, confiado y motivado; pero sobre todo le ha dado pasión a este equipo. Hay gente que vivía angustiada y que ahora disfruta, como Perea, López o García. Y así la solidaridad sale sola, como evidenciaba ver a Reyes arremangado en banda.

    Durante un rato, el partido se embarró. Diego Costa, que había entrado por el lesionado Agüero, estuvo fallón en un remate franco y después desperdició misteriosamente un 4 contra 1 yéndose a perder tiempo al córner. Acertó en cambio antes el brasileño guiando el contragolpe marca de la casa que cerró Tiago, al que Quique hizo debutar de falso interior.
    El Athletic se había reactivado un rato antes gracias a los cambios. Perea, que llevaba un partido perfecto, presionó a Muniaín hasta su casa, tanto que dejó una autopista para que De Marcos sirviera a Llorente, que solo pudo superar a la defensa atlética por abajo. No cerró Tiago, despistado en la banda.

    Es evidente que el Atlético ha crecido. Si la temporada pasada solo venció un encuentro liguero a domicilio, en esta ya lleva la mitad. A un ataque de primera ha sumado una defensa de categoría. Puede que le ataquen lo mismo que otras campañas, pero es que esta vez defiende muy bien. A lo que había, que Quique rehabilitó -Perea, A. López- o alumbró -De Gea, Domínguez-, se ha sumado el uruguayo Godín. No se oía gritar tan alto en el área rojiblanca desde los tiempos de Simeone. Y queda Filipe, a quien Quique, como hizo con Salvio, reserva para hacer debutar al máximo nivel. Discutible, pero alguien le discute algo ahora. Líder aún, por cierto.