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25 de septiembre de 2011

lección I. mirar. BARCELONA 5 - ATLÉTICO 0

"Las alternativas son pocas [...] Nos desactivaron [...] Es materialmente imposible discutirle la posesión." Manzano.
"Ahora jugaremos nuestra liga." Tiago.

  • Apoteósico Barcelona. Sus rondos pasan a hipervelocidad. 66% posesión. Xavi se movió en cifras de pase imposibles: 153/139.
  • A nivel planificación, un encuentro para ignorar. No forma parte de la realidad en la que vive el Atlético.
  • El Atlético aún no ha marcado fuera de casa (6 GC). El Barcelona aún no ha encajado en casa (18 GF).


  • Un Barcelona monumental, con infinitos recursos para la lírica y un despliegue de fútbol coral sin fisuras, pasó por encima del Atlético, todo buenas intenciones, y dejó para la posteridad una lección de fútbol en su máxima expresión. En una primera parte desorbitada, llevada al extremo de la renovación de los preceptos futbolísticos, el Barça le metió un meneo salvaje al Atlético, al que convirtió en un sonajero que sacudió una y otra vez.

    A un simpático Atlético que pretende abrirse una senda a través de la apropiación del balón y crece a través de conceptos heredados, se le apareció de repente el maestro de todos los métodos, el equipo que mejor ha interpretado el juego colectivo en la historia de este negocio. El Barcelona dió una cátedra y el Atlético asistió invitado en primera fila. En otro escenario, hubiera podido ser un alumno que mirara de frente al maestro, pero en estos momentos el Barça se encuentra en plena actualización de un modelo. No molesten.

    La capacidad de incidencia del conjunto rojiblanco en un evento monográfico de tal magnitud era mínima. El nivel de los ajustes que hubiera podido realizar hubiera levantado apenas una pequeña brisa en el tornado que pasó por el Camp Nou. Se enfrentó al mejor en uno de sus mejores momentos. El Atlético debe superar la mirada crítica en un acontecimiento así, por extraordinario e irremediable. Entregarse al determinismo. No había prácticamente nada en su mano que fuera capaz de hacer para cambiar su destino. No fue siquiera el Atlético errático de anteriores cruces con los blaugranas. Cometió pocos descuidos de bulto y minimizó casi todas las facilidades que pudiera dar al rival.

    Excelencia sin adjetivos. La interpretación máxima de un juego sencillo al que se juega en muchos lugares y de muchas maneras distintas. Una exhibición balompédica para no tener camiseta. Es difícil identificar la historia cuando aparece en los momentos cotidianos, pero se está escribiendo estos años la página más excelsa de este deporte. El presente ya está en los libros. El mejor equipo de fútbol de todos los tiempos.



    lección. El Barça es hoy la vanguardia del fútbol moderno. Es más, es vanguardia de cualquier campo que no plantee el estatismo: evolución de conceptos, apuesta por la creatividad, inconformismo, puesta en duda de preceptos propios, importancia del objeto central -balón-, movimiento contínuo, interpretación coral y además, una inagotable lectura didáctica.

    pep4.0. De la mano de Guardiola, el equipo actualiza programación y reinterpreta conceptos con una facilidad pasmosa -número de defensas, ausencia de delantero, eliminación de laterales, 4 mediocentros en rotación continua...- y pasa de un dibujo a otro sin perder prestaciones. Ayer, Guardiola jugó sin un solo defensa central. Plantó tres líneas de tres y dejó a Fàbregas flotar entre las dos últimas.

    +qmessi. A pesar de los tres tantos, el Barça fue mucho más que Messi. El juego interior -Busquets, Thiago, Xavi, Fábregas- fue a tal velocidad que convirtió a los jugadores atléticos en espantapájaros. Además, el Barça exageró la amplitud de campo, con Villa y Pedro partiendo de la cal en diagonales imparables para Perea y Antonio López. En su juego de extremos, Guardiola fue más Cruyff que nunca y partió la defensa atlética, con demasiada anchura que defender.

    alineaciónextraña. En realidad, apenas tuvo trascendencia. A Manzano se le fue la mano con las rotaciones, cambió media defensa -Godín y López estaban inéditos en Liga- y sentó a Arda. En cualquier caso, pensar que cualquiera de ellos le hubiera robado protagonismo al show del Barça es engañarse. Debería ser un debate menor.

    disposiciónextraña. Manzano apartó el rombo y ubicó su 4-3-3 con Diego y Reyes abiertos a las bandas y Falcao en el eje del ataque. Pretendía dar alas a su juego exterior y aprovechar la salida rápida. No lo consiguió y renunció por completo a la pelea del balón. Los tres mediocentros atléticos vivieron en el interior de un contínuo rondo rival, gastando aire en una presión siempre en inferioridad. 

    presiónazulgrana. Brutal, asfixiante. Destrozó la intención rojiblanca de salir jugando y llevó la posesión del Barcelona a límites sonrojantes: 71% la primera mitad. Solo Miranda -38/36 en pases- aguantó con temple la embestida y consiguió a ratos un salida limpia. El brasileño además, estuvo acertado al corte -9 recuperaciones por las 3 de Perea y Godín-. 

    presiónrojiblanca. La primera línea de presión se echó atrás. Diego y Reyes se alineaban con Tiago y Gabi, formando un 4-1-4-1 demasiado plano para contener la primera línea de posesión. No hubo presión sobre los defensores blaugranas y cuando el balón llegaba a los medios, ya estaba en modo hipervelocidad.

    reyes. Está perdido. Es pronto para saber cuánto de su bajón tiene que ver con la salida de Quique Flores, mentor y responsable absoluto de su recuperación futbolística de los últimos tiempos. Le sobra calidad, pero su juego sin compañeros tiene aún menos sentido en un equipo que pretende crecer desde el colectivo. Ante el Barcelona, estuvo ausente, poco solidario y chupón.

    reacción. En la segunda mitad, pasó a un 4-2-3-1 clásico, insertando a Arda y Salvio en las bandas y centrando a Diego. El equipo cogió aire y, aún con la misma baja posesión, ganó intensidad y algo de presión. Con el turco, Diego ganó un socio para aguantar el balón y los mediocentros -Gabi, Tiago- se desapretaron el corsé. También es cierto que el Barcelona bajó el ritmo. Mucho.

    messi. Pues eso.

    aún no sigues al humanisto??

    6 de febrero de 2011

    nadie puede con messi. BARCELONA 3 - ATLÉTICO 0




    La visita al Camp Nou del Atlético de Madrid en tiempos recientes era motivo de sospecha local. De cosquilleo, de canto a lo imprevisible. Hoy, los Barça-Atlético son otra cosa. 17 tantos catalanes en los últimos cuatro envites aclaran una realidad: el Atlético es un gato doméstico y el Barcelona, una fiera incontrolable. El Atleti es ahora uno de tantos clubs que acuden al pasto azulgrana a morder el polvo. Leo Messi, futbolista del pasado nacido a finales del siglo XX, está cambiando la historia del fútbol. Un tipo de 23 años que a estas alturas de la temporada registra 40 tantos -en 33 partidos-, 24 de ellos en Liga, y rebasa records cada semana. Gente como Raúl, Zarra o Di Stéfano perderán tarde o temprano todos sus privilegios en esta competición. Son los nuevos tiempos, los tiempos de Messi.

    La hipnosis en la que metió el Barcelona a su oponente afectó a todos los dispositivos rivales. Los defensas chocaban cuando Messi aceleraba, el cemento de contención rojiblanco se diluyó ante Xavi -151/144 en pases, más que todo el mediocampo atlético al completo- y el panorama de Agüero, sin escuderos, se entristeció sobremanera. El argentino, con una de esas miradas perdidas que el Manzanares ya conoce de sus ídolos, grabó obviedades en su retina: tras semanas comprobando los interes ajenos que su nivel despierta, comienza a sospechar que su compromiso con el club puede lastrar su carrera deportiva. En el Camp Nou se vió solo. Solo de verdad.

    El recurso táctico de Quique, que dejó en la caseta a Forlán, consistía en embutir el camino interior del Barcelona con tres futbolistas -Assunçao, Tiago y Mérida-, y tratar de alargar las posesiones tras el robo. En el costado, Filipe Luis se adelantó unos metros para cerrar a Alves, con Antonio López vigilando su espalda, o algo parecido.

    Al atasco por el centro que generó el Atlético los blaugrana reaccionaron con su discurso habitual de paciencia y elaboración. Como el marcador no se movía tras un cuarto de hora, parecía que al Barça le costaba arrancar el partido. Cuestión de tiempo, como cuando la manada de leones sitia todas las salidas de su presa. La defensa rojiblanca, mejor pertrechada con Ujfalusi, su líder natural, en funciones de mando y achique, aguantó las embestidas colectivas con cierto decoro. No fue lo mismo cuando Messi cambió de marcha. En una diagonal marca de la casa, dejó a un par de rivales empotrados -Filipe y Assunçao en este caso-, y desde la frontal, alojó sin violencia la pelota en la red de De Gea. La jugada pudo ser mejor defendida, pero también es razonable pensar que el choque de rivales entrara incluso en el guión.

    Unos minutos después, se sucedió sobre el balcón rojiblanco una combinación solo apta para azulgranas. Xavi, Messi, Pedro y Villa cosieron en un segundo un balón que la pulga coló por bajo a De Gea. La leve interrupción de Antonio López, que acudió al balón como si lo hubiera encontrado en el pasillo de su casa, no fue impedimento para el tanto del argentino. Más allá de alguna arrancada de Agüero solo contra el mundo, el Atlético fue un sparring. A ratos, De Gea sacaba un pie o una mano y salvaba al equipo de algo peor. Casi siempre, la imagen dejaba un alboroto de zamarras rojiblancas luchando por mantenerse en pie.

    En el intermedio, Quique recuperó a Forlán, que salió aguijoneado por su suplencia y le dió al equipo algo de diente. El Atlético cogió cuerpo y despistó al Barça, que pasó algún rato que disgustó a Guardiola. Los rojiblancos se pudieron meter aún más en el encuentro si Filipe Luis hubiera acertado en un remate que Piqué expulsó sobre la línea de gol. Lo que si llegó, en cambio, fue el tercero del Barcelona. Messi encontró en profundidad a Villa, que chocó con De Gea en la cobertura, dejando el balón suelto para el único que lo quiso. El diminuto argentino, que tuvo hambre para acompañar toda la jugada, se impusó entre cinco jugadores rojiblancos y cerró el encuentro. Un Barça-Atleti de los nuevos tiempos. Los tiempos de Messi, un futbolista para los libros.

    20 de septiembre de 2010

    el barça tiene otra marcha. ATLÉTICO 1 - BARCELONA 2


    Pocos equipos tienen respuesta cuando aparece la mejor versión del equipo de Guardiola. El Atlético la tuvo en el pasado más reciente, entrando con valentía al intercambio de golpes y saliendo a menudo vencedor. No fue posible esta vez, porque el despliegue blaugrana fue impecable. Cuando el Hércules pareció mostrar el camino para hacer hincar las rodillas al campeón, Guardiola dió una nueva lección táctica.

    El técnico catalán, que esperaba la presión rojiblanca para ahogar el juego interior, rebuscó en la libreta hasta hallar la receta. Estiró tanto el equipo que hizo inabarcable la presión. Entre su primer y último jugador la distancia era enorme. Con la posesión, Busquets se retrasaba hasta incrustarse entre los centrales. Si Assunçao le perseguía, desguarnecía el medio. Si no lo hacía, el Barça encontraba salida en corto. Pedro y Villa, en los extremos, dilataban el campo y se mostraban como solución en largo. Así Xavi e Iniesta ganaban espacio para pedir y tocar. Y en medio de todos, Messi, que flotó por todo el campo, con libertad, más para asociarse que para llegar.

    Pocos futbolistas son capaces de dar un centenar de pases durante un encuentro en campo rival. Xavi es uno de ellos. La receta de tocar rápido y no abusar de la conducción termina por ser una bendición. Soltar la pelota con rápidez hace que regrese antes a sus pies. Debería ser una lección para algunos, especialmente Reyes, que en su versión más individualista no ayuda en nada a su equipo.


    Su egoísmo es patológico. Su capacidad para entender las zonas de riesgo, limitada. No se le discuten sus cualidades, extraordinarias, si no su criterio para desplegarlas. Su reinserción futbolística de los últimos meses ha pasado por comprender que forma parte de un engranaje mayor. No hay pega al despliegue defensivo del extremo, constante en la presión y generoso en las ayudas. Increiblemente, las carencias del sevillano se muestran en sus aptitudes ofensivas. Su brújula solo le permite una dirección; y su fútbol de patio de colegio es a menudo improductivo, casi siempre innecesario. Darle el balón es terminar la jugada, para bien o para mal. No hay primer toque en su fútbol y apenas asociación. Pierde innumerables balones, en parte porque su ambición no conoce freno, y cuando desborda siempre vuelve a encarar. Así, resulta previsible y fácil de defender.

    Forma parte de la extraña estirpe de los extremos, tan únicos como sobrevalorados. Acumula todas las virtudes propias del puesto, y probablemente todos sus defectos. Un futbolista así resulta esencial mientras el Atlético insista en evitar el control y apueste por las marchas largas. Es innegable que ante la ausencia del Kun todos le buscan, y el utrerano no se esconde. Pero a medio plazo, su codicia debería quedar limitada por el bien del grupo.

    Porque el Kun jugó medio acto, pero como si no lo hubiera hecho. Su hambre es encomiable, pero debió entender que si no era capaz de dar un trote de diez metros, no estaba para jugar. Sin Agüero, también Forlán sacó su peor versión, perdido en el mapa táctico de Guardiola y sin acierto en los desmarques.


    La posición de Iniesta, en paralelo a Xavi, hizo mucho daño al Atlético. Combinaba con extraordinaria velocidad y multiplicó los cambios de dirección, siempre con criterio. El triángulo de ambos con Messi fue demoledor. No lo utilizo en Barça para introducirse hasta la cocina por el medio, como acostumbra, sino para asegurar la posesión.

    Aún así, el arranque atlético había sido voraz, metiendo todo el equipo en campo contrario para ahogar la salida rival. Aunque duró poco; a la primera que estiró el Barça, apareció el talento. Brillante conexión Xavi-Villa-Messi, que terminó con el asturiano solo antes De Gea y el balón estampado contra el palo. El rechace cayó a Pedro, ejemplo de lo que un extremo puede dar cuando deja de mirarse las botas, que asistió la entrada de Messi para el primer tanto.


    No ofrecía respuesta el Atlético al ejercicio futbolístico azulgrana, pero donde no hubo fútbol, encontró oro Quique Flores, perseverante con la estrategia. Mandó buscar la frontal del área pequeña y forzar la salida de Valdés en los corners, y a la segunda acertó. Puños al cielo del guardameta, bloqueado por Domínguez, y testarazo de Raúl García. El navarro, que a su juego tosco ha incorporado una saneada salida de balón, continúa siendo una de las grandes noticias del inicio liguero.

    La otra es, probablemente, Godín. Alrededor del uruguayo se pivota ahora todo el mecanismo defensivo. Correcto al tackling y con un formidable juego aéreo, ha dotado de una seguridad a la zaga que le dará mucho rédito a lo largo del año. Aún así, no molestó lo más mínimo a Piqué en la jugada del segundo tanto. Al central catalán no se le ocurrió otra cosa que controlar con el pecho un saque de esquina, para patear a la red desde el segundo palo. Tan heterodoxo como indefendible.


    Un Barça más rematador.
    Además del dibujo, Guardiola había cambiado el guión en el último tercio del campo. Prohibió los arabescos y ordenó incrementar la nómina de disparos desde la frontal. Terminando las jugadas se aseguraba además evitar el contragolpe atlético. Media docena de disparos en la segunda mitad exigieron lo mejor de De Gea. Y el guardameta salió airoso, con acrobacias extraordinarios. La única razón por la que el Atlético llegó vivo al tramo final fue la sensacional actuación de su veinteañero guardameta. El joven madrileño no solo es bueno, sino que lo parece. Su planta impone, sus movimientos son ágiles y certeros, ataja siempre que puede, y cuando no, el despeje es hacia fuera.

    Diego Costa, que había entrado por el maltrecho Agüero, agitó la presión y liberó a Forlán. Menos útil resultó la entrada de Tiago por García, el mejor sobre el campo hasta el recital de De Gea, y el cambio de cromos de Domínguez por Antonio López, a pesar de que el canterano estuviera amonestado. Mérida, que podía haber dado alguna solución en el arreón final, aguantó en el banco. Un disparo ajustado de Reyes fue la única señal clara de la agónica bravura atlética. En el añadido, Ujfalusi convirtió la frustración en violencia con un pisotón a Messi que mandó a ambos a la caseta, el primero expulsado y el segundo lisiado. El checo espera la sanción por lesionar a la estrella blaugrana.