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7 de noviembre de 2011
reset. GETAFE 3 - ATLÉTICO 2
3 de marzo de 2011
tierna mediocridad. GETAFE 1 - ATLÉTICO 1

Tras una campaña de disgustos, al equipo rojiblanco le retrata su visita al feudo azulón más que a ningún otro campo. A una docena de partidos del cierre del curso, apenas un par de puntos le separan de su rival. Octavo y undécimo, ambos conjuntos campean la llanura liguera, donde apenas ocurre nada, ni temor ni euforia. Dos equipos como tantos otros, intrascendentes en el discurrir del campeonato. Infinitamente peor noticia para los rojiblancos, por supuesto. El tedio mató hace tiempo las aspiraciones de los de Quique, que no hayan respuesta.
El Atlético resuena ya como una caja de música distorsionada. Un eco a algo, que por instantes afina, pero donde todo es lejano y extraño. Una melodía que irrita más que agrada, tan reiterativa que siempre suena a lo mismo. Le bastó al Getafe encontrarse con un gol en la primera ocasión para dormitar el resto del partido. Cata Díaz descosió el balón desde su cueva, jugada que Miku conocía más que Godín, que acudió sin fe. El venezolano llegó primero y cedió a Del Moral, cuyo disparo rozó el defensa uruguayo y se volvió indescifrable para De Gea. Quique, que andaba lamentando esta semana la facilidad para el acierto rival, debió erupcionar al encajar un tanto cuando la parroquía aún andaba acomodándose.
Así se las gasta el Atlético últimamente. No solo se busca sus propios problemas, sino que no tiene soluciones sobre la marcha. La factura de Quique no alcanza para imprevistos. Encajar un gol tan pronto es irritante, pero para un grupo con tendencia a la depresión, supone un cataclismo de proporciones inabarcables.
Míchel tuvo la tarde alegre y le había dado el mando a Parejo, que llevaba un mes purgando sus faltas. Malísima noticia para el Atlético. Con Víctor Sánchez de escudero, el madrileño se bastó para barrer el mediocampo atlético. Como los buenos futbolistas, su juego no tiene secretos: le gusta el balón. Lo pide a uno y se lo da a otro. La ecuación era un galimatías para Raúl García. Cuando el navarro acudía al quite, el mediapunta ya había trazado el pase y ocupaba otra zona.
En realidad, casi todos los duelos individuales fueron azulones: Gavilán pudo con Valera y Del Moral jugó a su antojo con López. Los pasillos atléticos eran autopistas sin limitar. Algo mejor les fue a Godín y Perea en el eje, que se rearmaron tras el despite inicial, sometiendo los espacios de Colunga y Miku. Cata Díaz, que de esto sabe un rato, ató en corto a Agüero, que sufrió una de las tardes más negras que se le recuerdan. Cemento armado, el zaguero argentino.
Del lado atlético, el partido era Reyes, que a su retruécano habitual añadió un sospechoso empeño en mezclar con Forlán. Debió leer prensa estos días. El extremo acaparó los números rojiblancos: lideró remates, faltas recibidas, balones perdidos y pases realizados. Su poco acierto en éstos últimos (42 de 66) explica su obsesión por la asistencia definitiva, más que nunca con el uruguayo en la mirilla.
Sin ocasiones
, dócil, el Atlético no molestaba al vecino, más que en alguna correría inocente. Lo mejor del primer acto fue un misil firmado por el utrerano que se marchó silbando el palo de Codina. Tras el descanso, era francamente difícil no mejorar. Por segundo envite consecutivo, el arreón final rojiblanco tuvo cierta consistencia. Con el agua al cuello, comienzan los braceos.La aparición de Forlán en segunda línea es una gran noticia para el fútbol rojiblanco. Pocos tienen el panorama tan despejado. El uruguayo no se rinde. A falta de gol, se busca, trabaja y no tiene miedo al reciclaje. Cada vez remata menos y pasa más. Menos portería y más el compañero. Quizá baje a buscar la pelota porque no se la den, pero su fútbol ya no tiene visera y su capacidad para entender el juego es mayor. A falta de gol, sus cañones han mutado en instrumentos de precisión y comienza a interesarse en allanarle el camino a otros. Cuatro de los últimos cinco tantos del equipo partieron de sus botas. Significativo.
Y como el Atlético improvisa guión, aquí aparece todo el mundo. La ausencia de gol de sus dos estrellas más mediáticas está descubriendo muchos matices. Los secundarios atléticos siguen chupando cámara. Si hace días fue Koke quien sorprendió con un remate inverosímil, esta vez le tocó a Elías, ese tipo. El brasileño, un figurante hasta ahora, comprado para echar el balón al pasto en el alboroto rojiblanco, se marcó un cabezazo de bandera: desde el punto de penalti, de espaldas y sin ver portería. Solo los tipos muy buenos o con mucha suerte con capaces de anotar goles así. El chico, que arrastra desde su llegada la fama de sus antecesores, se dió por fin una alegría. De nuevo a pase de Forlán, cuya eufórica celebración le da a todo esto un punto de ternura: todo lo que le ocurre estos días al Atleti es, en realidad, muy del Atleti.
17 de octubre de 2010
el calderón se conforma. ATLÉTICO 2 - GETAFE 0

Ante la lesión del argentino y la intermitencia del uruguayo, acudió Flores a todo el talento disponible. Centró a Reyes detrás de Costa y aisló a Mérida en el costado diestro. La apuesta tuvo cierto interés, pero con el sevillano cayendo a la banda y el catalán buscando socios, ninguno supo muy bien que franja ocupar. Más animoso estuvo Simao, aunque echó de menos el aporte de Filipe, más timorato que de costumbre.
Así, la primera parte fue un tostón. El Getafe se arregla porque la apuesta de Míchel sigue siendo tan intrépida como sencilla: al fútbol por el toque. Armado en torno al despliegue de Boateng, mediocentro de cemento pero aseado con el balón, el Getafe se aplicó en la salida rápida, más contragolpeador que otras veces. Parejo guiaba y las alas lanzaban, especialmente Manu, que pudo marcar en algún disparo lejano.
Resume muy bien que lo más destacado del bando de Flores en la primera media hora fuera un
rebote. Despejó Codina, pegó en Reyes y el balón a punto estuvo de acabar en la red. Donde no llegó el grupo tuvo que aparecer el talento individual. O algo parecido. Simao templó una falta a media altura, la barrera de recreo getafense se abrió, el balón fue al palo, luego a la espalda del portero y terminó por arreglar la tarde rojiblanca.Volvieron a marcar Costa y Simao.
En el descanso, estuvo valiente Míchel, que retiró a los laterales y dió entrada a Casquero y Rafa. Se descompuso el mediocampo getafense, primero al reubicarse Víctor Sánchez en el lateral diestro, y definitivamente con la sustitución de Boateng por Gavilán. Entonces sí encontró acomodo Reyes, que apareció un par de veces en posición de trequartista. En la primera, mandó una pelota a pocos centímetros del palo tras driblar dos rivales. Después encontraría la cabalgada de Valera, que se coló hasta la línea y cedió a Diego Costa para cerrar el partido.
Mostró mejor versión el Atlético con viento a favor, ya con Forlán, que había saltado al campo entre silbidos. Con el uruguayo el equipo creció y la grada pudo festejar algo. Se afianza el Calderón como fortín, donde solo el Barça ha conseguido marcar; pero sobre todo el peso goleador de Simao y Costa, que acaparan los seis tantos de los últimos cinco encuentros, tres cada uno. Esperando a Agüero.
