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8 de mayo de 2011

el málaga desnuda al atlético. ATLÉTICO 0 - MÁLAGA 3




El mismo Atlético que venía surfeando hace algunas semanas en una ola de juego y resultados, se pegó un tortazo en casa ante un Málaga que no necesitó forzar la máquina para inclinar el partido de su lado. Le bastó una colección de errores de una zaga rojiblanca que últimamente aparentaba solidez porque sus compañeros en ataque venían maquillando su flaqueza, pero que, en la segunda vuelta, ha visto perforada su red en 12 de los 15 partidos disputados.

El Málaga actual merece un premio a la revolución futbolística. Tras el lavado de cara del mercado invernal y el margen para encajar las nuevas piezas, Pellegrini ha puesto al equipo sobre los raíles y no hay manera de pararlo. En los dos últimos meses, los malagueños firman los mejores números del campeonato: 19 puntos de 24 posibles, bastante por encima de Madrid y Barcelona. La columna Demichelis-Baptista-Rondón ha colocado al equipo en un escalón superior. Habrá que ver la campaña que viene de lo que puede ser capaz el técnico uruguayo manejando desde el inicio este Málaga, un club en evidente crecimiento.

Al Atlético, que comenzó con cierto aire, se le pinchó el globo a las primeras de cambio. Primero perdió a Perea, el velocista encargado de atar las correrías de Rondón, y después se dejó caer en un letargo del que ya nunca pudo salir. El partido se decidió en su fase inicial, porque el Atlético no tuvo respuesta a las primeras embestidas. El Málaga, que vivió agazapado en torno al muro central que lidera Demichelis, futbolista de alto rango, comprendió de repente que no es que la defensa atlética tenga cosquillas, es que es puro baile de San Vito.

El juego directo que preparó Pellegrini sobre el corpachón de Rondón enseguida dió resultados. El delantero burló la vigilancia de baja seguridad de Godín y cabeceó un preciso centro de Gámez en la única incorporación ofensiva del lateral. Estupenda campaña de Rondón, que firma ya 14 tantos. Si el chico lo estaba haciendo de lujo, encima tenía cómplices entre los rivales. Filipe bajó la tensión hasta los límites del sueño y le entregó un balón manso al venezolano, que activó los mecanismos de contragolpe blanquiazules. Abrió a Seba Fernández, éste picó al área y allí apareció Baptista para cabecear cruzado. Todo en un segundo, imparable para los movimientos a cámara lenta de la zaga local. El brasileño, un tipo que ha vuelto a la vida de nuevo en tierras andaluces, firma unos registros para tener en cuenta: 8 goles en 9 partidos.

Apagado el Atlético y conforme el Málaga, el partido entró en su fase contemplativa. Aunque su defensa fuera un circo, el Atlético no funcionó en ninguna línea. Se posicionó mal, llegó siempre tarde y la ausencia de Perea y Tiago le privó de referentes anímicos. Tampoco Agüero pudo nunca con el eje de Demichelis y Kris. El equipo se estiró algo más en la segunda mitad, pero no logró salir del tono gris de toda la tarde, ni siquiera cuando Quique apostó por Forlán como tercer delantero con media hora por delante.

Al menos, el sprint final dió para ver las primeras intervenciones de Caballero, que se aplicó un par de veces en remates lejanos y después en una doble ocasión de Costa y Forlán. Pero el último tanto, sin embargo, llegó en el otro área, tras otra pérdida amateur y el remate final de Maresca, un minuto sobre el campo.

20 de diciembre de 2010

tiago bajo los focos. MÁLAGA 0 - ATLÉTICO 3


En un mundo del fútbol que cada vez se nutre más de resúmenes que de partidos, hay futbolistas que acostumbran a aparecer de fondo en los highlights, invisibles para un buen número de aficionados. Tiago es uno de esos futbolistas. Su fútbol no enciende a la grada como el vértigo de Reyes, ni es tan definitivo como el de Agüero, y eso a menudo le hace parecer un secundario prescindible. Sin embargo, el portugués está empeñado en ser el cerebro de un equipo que hace tiempo que no quiere pensar, sino tapar y golpear. En un conjunto donde a menudo el éxito pasa porque los centrales no tropiecen y Kun tenga el día, era previsible que los focos le llegaran de manera imprevista.

Quizá no sea un talento desbocado, pero el portugués gestiona los fogones del Atlético, gran amante del fastfood, a base de despliegue y sencillez. Auxilia en los dos frentes, y tiene una aseada salida de balón -en Málaga hizo 61/65 en pases-. Además de ser el mejor rematador de cabeza del Atlético. Tres apariciones suyas a balón parado solucionaron la papeleta atlética en La Rosaleda, donde Pellegrini había echado la llave con tres victorias consecutivas. Mucho tuvo que ver Simao, que está dando una lección de profesionalidad a sus detractores y que sembró de balones el área malagueña hasta dar con los tres que terminaron en gol.

Que la estrategia le funcionara al Atlético no quita que el partido fuera un tostón. Quique dejó fuera a Forlán, flotó a Reyes detrás de Agüero, demasiado a la intemperie, y siguió aclimatando a Raúl García a la banda, por lo que pueda pasar. El equipo se espesó tanto que fue un engrudo al son del marcador, que muy pronto se puso de cara. Simao, en el mejor momento de la temporada, calzó una falta cerrada que Tiago incrustó en la red de Rubén.

Durante un rato el Málaga hizo un amago de interés por el partido, pero apenas un par de tiros lejanos preocuparon a De Gea, plácido toda la tarde. Pellegrini, que veía como su defensa de futbolín era incapaz de frenar las llegadas aéreas del Atlético, trató de remediar la jarana defensiva retirando al descanso a los canteranos Iván González y Manu Torres para meter mayor control con Portillo y Fernando. Casi le fue peor, porque Simao volvió a hilar fino y Domínguez se impuso en el follón malagueño, que permitió tres toques de cabeza y la combinación de voleibol entre el canterano y Tiago: recibe, coloca, remata.

El Atlético se dejó llevar y un par de minutos después cerró el partido con la jugada del día: falta de Simao, cabeza de Tiago. En la simpleza de una estrategia de manual, el conjunto de Quique encontró la estabilidad que culmina dos semanas donde los rojiblancos han recortado de 8 puntos a 2 la distancia con los puestos Champions, y empieza así a reducir objetivos hasta enfocar la temporada que el equipo realmente necesita: entrar entre los cuatro primeros.