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3 de octubre de 2011

buenas intenciones. ATLÉTICO 0 - SEVILLA 0

"A veces no se acierta [...] Me quedo con la actitud." Manzano.

  • El Atlético desplegó buen juego sin premio. Puede convertirse en un vicio feo.
  • Sevilla enredó y llevó el partido a la única fase donde podía controlarlo, la narcolepsia. Rey del interruptus.
  • El partido se frenó en los marcos. Varas lo paró todo, y lo que no paró él, lo hizo Courtois. 4º consecutivo imbatido en el Calderón.


  • En el duelo llamado a definir el estado de la cuestión del proyecto del Atlético en torno al balón, los de Manzano se volvieron a retratar en la indefinición. El equipo se empeña en mostrarse educado y termina por acomodarse en las buenas maneras, pero desatiende de vez en cuando echarle un ojo al marcador. Ante el Sevilla, se le escapó una cita obligada con el puntaje ante un rival directo en la carrera europea, con la aparente justificación en un modelo aún en construcción, pero que debería ir retirando andamios para dejar ver el resultado de la obra final antes de que los plazos impongan otro ritmo.

    Vertebrado en torno a Arda y Diego, materia prima para un mecano de primer nivel, el Atlético dejó un primer acto de alto gramaje. Dominó, disfrutó y siguió el plan maestro, pero no alcanzó a ver el producto. Si el videomarcador quedó desierto fue en gran parte por los habitantes de los arcos, pintoresca antítesis uno del otro. Del lado sevillista, Varas, canterano tardío; del atlético, Courtois, fichaje precoz. Cada uno en su cueva se encargaron de levantar cemento y poner en evidencia a los rematadores rivales.

    El Atlético se mostró mayor que el Sevilla, aplicado en uno de sus tantos duelos de rompe y rasga, y tan capaz siempre de criogenizar el fuego rival cuando se ve falto de ritmo futbolístico. En ese limbo se quedó atrapado el conjunto rojiblanco, con su cara bonita, su fútbol orfebre y su afilada estética. Un Atlético que transita una senda encomiable, pero que, de momento, no le lleva más lejos que los atajos de siempre.



    arda+diego. Manzano viró el tapete y echó atrás a Arda y delante a Diego. El enroque le vino de lujo al equipo. El turco aporta más en el despliegue físico y el brasileño mejora cuando se libera. El resultado fue un eje central más consistente y una última línea más intrépida. Eso sí, mientras duró la gasolina.

    silvioclave. Puede parecer un tema menor, pero la presencia del lateral portugués le da al equipo un ala en batida continua. Sabe subir en conducción y también aparecer al espacio. Hizo trabajar a Perotti hacia atrás y restarle fuerzas en sus acometidas. Su presencia, además, da simetría al equipo y mejora el costado de Filipe, al aumentar su capacidad de sorpresa.

    presión. Una de las claves de la primera mitad fue que el Atlético presionó muy arriba al Sevilla. La defensa andaluza se agobió achicando balones y solo encontró solución embarullando el partido. Claro que funciona cuando da rédito. Si gastas más de medio depósito al descanso y llegas empate a cero, reduces los recursos físicos para la fase final.

    falKO. El colombiano erró un gol antológico, pero bien es cierto que aplicó a la jugada todos los principios correctos: acompañó la posición, se desmarcó en dirección opuesta al conductor del balón -Reyes- y remató de primeras, sin controles. El éxito es muchas veces un factor imprevisible, pero existen vías para aumentar las posibilidades de alcanzarlo. El error de Falcao no fue de criterio, sino de acierto. Preocupa menos.

    cortacourtois. Se le pide a menudo a un portero que sea poco protagonista. Que omita errores de bulto antes que interfiera con grandes intervenciones. Que detenga lo que debe y encaje también lo que debe. Que no reste en lugar de que sume. Solo unos pocos guardametas rompen esa línea. Minimizan sus errores y además, aparecen en paradas que no les exige el guión. Clase alta. Courtois pertenece a esa élite.


    aún no sigues al humanisto??

    27 de febrero de 2011

    histeria en el calderón. ATLÉTICO 2 - SEVILLA 2




    Un Atlético impredecible, al que aún le late algo bajo la carcasa, se fue a la gresca contra su némesis de los tiempos recientes, un Sevilla medio cojo esta vez, sin Kanouté, Cáceres, Romaric o Palop, y que venía de quedarse fuera de la Europa League, a pesar de su meritoria victoria en Oporto. Un partido que nació gélido y se fue templando hasta acabar como casi siempre entre madrileños y andaluces, en el hervidero.

    Ante las fisuras del grupo, el conjunto de Manzano asomó el talento de Negredo y Rakitic, que firmaron dos chispazos definitivos desde la frontal. El técnico sevillista da buen uso a sus compras invernales: Medel es el eje sobre el que todo gira y el croata, el primer paso hacia al gol. Pero, sobre todo, el partido alumbró a un secundario sin caché, Javi Varas. Un canterano tardío que a sus 28 años apenas luce una veintena de partidos en su currículum. El guardameta, con media docena de intervenciones de mérito, se bastó para arreglar los costurones de su defensa, un festival. En especial le sufrió Agüero, por una vez con la mirilla desviada.

    Incauto y a costurones, pero en línea ascendente, el conjunto rojiblanco se resiste a su suerte. Hace dos semanas, ante el Valencia, hizo todo cuanto debía y no afinó el marcador. En Zaragoza, naufragó por momentos y extrajo los tres puntos. Contra el Sevilla mostró toda su galería de habilidades. Tolerancia defensiva -sin Perea esta vez- y pegada descomunal, un cóctel muy rojiblanco que le complicó un partido que pudo terminar goleando. En medio de la algarabía, el equilibrio de Tiago, un tipo sensato (72 pases, 11 recuperaciones), al que esta vez le acompañó Raúl García con el tirachinas más afinado de lo habitual.

    El alboroto no le viene mal al Calderón. Puede parecer que no está la parroquía para sustos, pero la actitud de potro encabritado mejora la de enfermo de mirada perdida, a pesar del resultado. Extraño hasta en la manera de construir su épica, el Atlético se levantó por dos veces, cuando menos fe se tenía en su resurrección, y con todo de cara, no fue capaz de acertar con el golpe final. Ni siquiera en una jugada a mitad de camino del disparate y la locura colectiva. Tiago advirtió antes que nadie la cesión de Escudé a su guardameta y sacó como un rayo el libre indirecto para Agüero, quien solo pudo estrellar el balón contra un espabiladísimo Javi Varas.

    El conjunto rojiblanco no sabe siquiera si faltarle el respeto a sus fantasmas. Comenzó el partido con tanto reparo que recordó a una cita estival. Tibio, con prudencias excesivas, líneas inertes, miradas de cautela y un puñado de disparos lejanos casi sin mirar. Del bostezo les sacó a todos Negredo, que reventó una volea descomunal cuando la grada ya desenvolvía el bocadillo para el descanso. Mucho tuvo que ver Ujfalusi, que firmó con la mirada su marcaje a Perotti. El argentino, de una pechada, dejó el balón manso para el zurdazo del ariete vallecano.

    La afición preparaba repertorio para el palco cuando Koke la levantó de sus asientos. Forlán fue a buscar un balón a la línea de tres cuartos y lo templó cruzado, lejanísimo. Por allí apareció el canterano atlético, un tipo pequeño, que de primeras acomodó el cabezazo como lo hacen todos esos diminutos futbolistas que tienen la mollera para otra cosa que martillear un balón. Sin embargo, al verse en esas lides, reaccionó con determinación. Trotó hacia atrás, giró la testa como ve hacer a los bigardos y coló con dulzura el balón en la red. Salvando el sacrilegio, todo recordó mucho a Xavi.

    Con el gol, al Atleti le entró una cosquilla en el cuerpo y se desató. Agüero y de nuevo Koke estuvieron a punto de firmar el segundo antes de que apareciera Rakitic. Perotti aprovechó una autopista, mezcló largo para Navas y éste dejó la pelota en la frontal, donde se descolgó el croata para dibujar una comba imposible para De Gea. Los ultras tiraron de nuevo de su partitura menos agradable -dueños del club, Del Nido y algún futbolista, como Raúl García-, ante lo cual Quique Flores, con más reacción que de costumbre, cambió control por velocidad y retiró a Koke por Juanfran. El partido terminó por enloquecerse. El Sevilla, que había entrado inevitablemente al intercambio de golpes, se defendía panza arriba, resoplando ante el ímpetu de los locales.

    Agüero empujaba más que nadie y coleccionó una trilogía de remates en el filo, todos con participación de Javi Varas. El circo trajo atracciones nuevas. Reyes, que había calzado el costado izquierdo tras la entrada de Juanfran, bailó a la espalda de Sergio Sánchez, donde Antonio López coló la pelota, y aprovechó el pasillo para cabalgar hasta citarse con Varas y batirle por bajo. La apoteosis de la cesión marrada por Agüero precedió un misil de Negredo que astilló la madera. Fútbol histérico, fútbol rojiblanco.

    3 de octubre de 2010

    negredo desnuda al atlético. SEVILLA 3 - ATLÉTICO 1


    Se estrelló el Atlético contra un Sevilla vertical, ágil en las alas y astuto a la hora de buscar a sus hombres clave. Distinto al de las primeras jornadas, espoleado quizá con la llegada de Manzano, el equipo andaluz mostró su mejor versión en lo que va de temporada. Kanouté pivotó con facilidad, Perotti fue una tortura para Antonio López y, sobre todo, Negredo hizo lo que quiso con Perea y Domínguez. El atacante madrileño bailó a los centrales, obligando a perseguirle en las caídas a banda y a recular tanto que terminaron por defender sobre su área. Y por ahí llegaron los goles, todos en disparos desde la frontal.

    Sin Godín, la defensa atlética fue un chicle. Faltó carácter y se arrugó ante las acometidas de los puntas sevillistas. Tanto que a la media hora ya tenía el Sevilla el partido resuelto. Un slalom de Perotti que dejó en evidencia la ternura de Mérida y Assunçao acabó con un zurdazo a la red de Negredo. Minutos después, el propio Perotti enganchó una volea que golpeó en la espalda de Perea y confundió a De Gea.

    Le bastó un acto al Sevilla para desbaratar los planes de Quique, que partían de empantanar el mediocampo y esperar que las luces de Forlán se encendieran. No ocurrió. Resulta ineludible volver los focos sobre el mal momento del uruguayo, que pide a gritos un reposo, o más bien, la urgente vuelta de Agüero.



    No funcionó el Atlético porque Tiago en lugar de socios encontró postes. Con Suárez en paralelo al portugués, el mediocampo fue un futbolín, sin velocidad, ni juego interior, ni profundidad, ni prácticamente nada. Fracasó el cambio de sistema, y Flores debió corregir su propio error, como ante el Leverkusen, y volver al esquema habitual con dos puntas.


    Mejoró entonces el Atlético con Filipe Luis, que estiró el campo y borró a Perotti, y sobre todo con Diego Costa, que le cambió la cara al equipo. Quique le envió a la guerra y el brasileño se mostró encantado. Chocó, presionó, molestó y terminó por lograr frutos. Mérida, que agradeció los espacios, encontró al brasileño en un pase interior, Cáceres marró y el balón entró llorando tras chocar en Palop y después en el palo.

    Durante el último tramo lo intentó el Atlético, en una segunda mitad interesante, aunque insuficiente. Con Mérida liderando la ofensiva, los laterales lanzados y Costa percutiendo, el equipo apareció al fin en el área sevillista. El atacante brasileño tuvo la mejor ocasión en un remate de cabeza que Palop escupió con la manopla.

    Queda con un solo punto el Atlético ante Barça, Valencia y Sevilla. Pobre bagaje ante los rivales de peso de este inicio de campaña. Cierto es que los dos últimos deberán pasar por el Calderón, pero la ausencia de Agüero ha dejado sin respuesta al equipo, que desde su lesión en Bilbao, solo ha logrado una victoria -Zaragoza- en seis encuentros: dos empates -Valencia y Leverkusen- y tres derrotas -Aris, Barcelona y Sevilla-.