El Atlético desplegó buen juego sin premio. Puede convertirse en un vicio feo.
Sevilla enredó y llevó el partido a la única fase donde podía controlarlo, la narcolepsia. Rey del interruptus.
El partido se frenó en los marcos. Varas lo paró todo, y lo que no paró él, lo hizo Courtois. 4º consecutivo imbatido en el Calderón.
En el duelo llamado a definir el estado de la cuestión del proyecto del Atlético en torno al balón, los de Manzano se volvieron a retratar en la indefinición. El equipo se empeña en mostrarse educado y termina por acomodarse en las buenas maneras, pero desatiende de vez en cuando echarle un ojo al marcador. Ante el Sevilla, se le escapó una cita obligada con el puntaje ante un rival directo en la carrera europea, con la aparente justificación en un modelo aún en construcción, pero que debería ir retirando andamios para dejar ver el resultado de la obra final antes de que los plazos impongan otro ritmo.
Vertebrado en torno a Arda y Diego, materia prima para un mecano de primer nivel, el Atlético dejó un primer acto de alto gramaje. Dominó, disfrutó y siguió el plan maestro, pero no alcanzó a ver el producto. Si el videomarcador quedó desierto fue en gran parte por los habitantes de los arcos, pintoresca antítesis uno del otro. Del lado sevillista, Varas, canterano tardío; del atlético, Courtois, fichaje precoz. Cada uno en su cueva se encargaron de levantar cemento y poner en evidencia a los rematadores rivales.
El Atlético se mostró mayor que el Sevilla, aplicado en uno de sus tantos duelos de rompe y rasga, y tan capaz siempre de criogenizar el fuego rival cuando se ve falto de ritmo futbolístico. En ese limbo se quedó atrapado el conjunto rojiblanco, con su cara bonita, su fútbol orfebre y su afilada estética. Un Atlético que transita una senda encomiable, pero que, de momento, no le lleva más lejos que los atajos de siempre.
arda+diego. Manzano viró el tapete y echó atrás a Arda y delante a Diego. El enroque le vino de lujo al equipo. El turco aporta más en el despliegue físico y el brasileño mejora cuando se libera. El resultado fue un eje central más consistente y una última línea más intrépida. Eso sí, mientras duró la gasolina.
silvioclave. Puede parecer un tema menor, pero la presencia del lateral portugués le da al equipo un ala en batida continua. Sabe subir en conducción y también aparecer al espacio. Hizo trabajar a Perotti hacia atrás y restarle fuerzas en sus acometidas. Su presencia, además, da simetría al equipo y mejora el costado de Filipe, al aumentar su capacidad de sorpresa.
presión. Una de las claves de la primera mitad fue que el Atlético presionó muy arriba al Sevilla. La defensa andaluza se agobió achicando balones y solo encontró solución embarullando el partido. Claro que funciona cuando da rédito. Si gastas más de medio depósito al descanso y llegas empate a cero, reduces los recursos físicos para la fase final.
falKO. El colombiano erró un gol antológico, pero bien es cierto que aplicó a la jugada todos los principios correctos: acompañó la posición, se desmarcó en dirección opuesta al conductor del balón -Reyes- y remató de primeras, sin controles. El éxito es muchas veces un factor imprevisible, pero existen vías para aumentar las posibilidades de alcanzarlo. El error de Falcao no fue de criterio, sino de acierto. Preocupa menos.
cortacourtois. Se le pide a menudo a un portero que sea poco protagonista. Que omita errores de bulto antes que interfiera con grandes intervenciones. Que detenga lo que debe y encaje también lo que debe. Que no reste en lugar de que sume. Solo unos pocos guardametas rompen esa línea. Minimizan sus errores y además, aparecen en paradas que no les exige el guión. Clase alta. Courtois pertenece a esa élite.
Vertebrado en torno a Arda y Diego, materia prima para un mecano de primer nivel, el Atlético dejó un primer acto de alto gramaje. Dominó, disfrutó y siguió el plan maestro, pero no alcanzó a ver el producto. Si el videomarcador quedó desierto fue en gran parte por los habitantes de los arcos, pintoresca antítesis uno del otro. Del lado sevillista, Varas, canterano tardío; del atlético, Courtois, fichaje precoz. Cada uno en su cueva se encargaron de levantar cemento y poner en evidencia a los rematadores rivales.
El Atlético se mostró mayor que el Sevilla, aplicado en uno de sus tantos duelos de rompe y rasga, y tan capaz siempre de criogenizar el fuego rival cuando se ve falto de ritmo futbolístico. En ese limbo se quedó atrapado el conjunto rojiblanco, con su cara bonita, su fútbol orfebre y su afilada estética. Un Atlético que transita una senda encomiable, pero que, de momento, no le lleva más lejos que los atajos de siempre.
arda+diego. Manzano viró el tapete y echó atrás a Arda y delante a Diego. El enroque le vino de lujo al equipo. El turco aporta más en el despliegue físico y el brasileño mejora cuando se libera. El resultado fue un eje central más consistente y una última línea más intrépida. Eso sí, mientras duró la gasolina.
silvioclave. Puede parecer un tema menor, pero la presencia del lateral portugués le da al equipo un ala en batida continua. Sabe subir en conducción y también aparecer al espacio. Hizo trabajar a Perotti hacia atrás y restarle fuerzas en sus acometidas. Su presencia, además, da simetría al equipo y mejora el costado de Filipe, al aumentar su capacidad de sorpresa.
presión. Una de las claves de la primera mitad fue que el Atlético presionó muy arriba al Sevilla. La defensa andaluza se agobió achicando balones y solo encontró solución embarullando el partido. Claro que funciona cuando da rédito. Si gastas más de medio depósito al descanso y llegas empate a cero, reduces los recursos físicos para la fase final.
falKO. El colombiano erró un gol antológico, pero bien es cierto que aplicó a la jugada todos los principios correctos: acompañó la posición, se desmarcó en dirección opuesta al conductor del balón -Reyes- y remató de primeras, sin controles. El éxito es muchas veces un factor imprevisible, pero existen vías para aumentar las posibilidades de alcanzarlo. El error de Falcao no fue de criterio, sino de acierto. Preocupa menos.
cortacourtois. Se le pide a menudo a un portero que sea poco protagonista. Que omita errores de bulto antes que interfiera con grandes intervenciones. Que detenga lo que debe y encaje también lo que debe. Que no reste en lugar de que sume. Solo unos pocos guardametas rompen esa línea. Minimizan sus errores y además, aparecen en paradas que no les exige el guión. Clase alta. Courtois pertenece a esa élite.







