

Plan perfecto.
El colombiano, siempre sospechoso, se marcó un partido de hemeroteca. Futbolista de extremos, siempre al límite, su duelo de velocistas con Eto'o le hizo sentirse extrañamente cómodo, impecable al cruce. Tuvo mucho que ver Godín, que llevó a la frustración a Milito, mejor jugador de la pasada Champions League. El argentino sólo pudo rematar a puerta una vez, de penalti, estrellándose contra De Gea.Del Inter no hubo noticias. Sneijder sólo tocaba el balón en estrategia y el mediocentro de Cambiasso y Zanetti era un azucarillo deshaciéndose en manos de Assunçao. Únicamente Maicon, en cabalgada solitaria, percutía por su banda. Dos tiros a puerta para el campeón de Europa retratan el espejismo del triunfo del juego destructor. Saca el balón el Inter con pateadores y segundas jugadas, con tosquedad y trampantojos, fútbol de subterfugio para un grande de Europa. Su oscura apuesta futbolística le clasifica junto a la Italia del Campeonato del Mundo, perdida en su fracaso tras tantos años de réditos obtenidos con tan poco fútbol.
No es que el Atlético haga baile de salón, pero para su papel secundario en la aristocracia europea, se apaña en las grandes citas. Ya no se alborota con el balón, tiene precisión en el pase, defiende por dentro y ataca por fuera. Sus dos goles llegaron de los extremos, en desmarque diagonal de Reyes el primero; y tras desborde con bandeja al área de Simao el segundo. Irregular la temporada pasada, el portugués aprobó en su primer partido tras su retiro de la selección: trabajador, incisivo y rápido de pies. Ambos goles, por cierto, partieron de las botas de Raúl García, y contaron con la complicidad de Agüero, autor de uno y embarullado asistente del otro.
Arriba, Agüero se bastaba para fisurar el muro de contención neroazzurro. Caía a las bandas, explotaba su velocidad y aguantaba las caricias rivales. Más desasistido se encontró Forlán, buscando sin éxito el disparo lejano que tanto provecho le dió el pasado Mundial.
La regularidad, asignatura pendiente.


