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31 de octubre de 2011

entonces el gol. ATLÉTICO 3 - ZARAGOZA 1

"Tal vez salgamos reforzados." Manzano.

  • El Atlético hizo un poco lo mismo, pero esta vez llegó pronto al gol y se liberó. Gran Arda: dió sentido al resto de piezas.
  • La movilidad de Adrián ventiló el atasco del ataque. Además, anotó dos tantos. Falcao sigue encasquillado.
  • El Atlético solo ha encajado 2 goles en casa, el mejor registro tras el Barça (ninguno). La Champions sigue a 8pts.


  • 20 de febrero de 2011

    el atlético coge aire. ZARAGOZA 0 - ATLÉTICO 1




    Como suele ocurrir con los futbolistas de otra jerarquía, Agüero acudió a la cita con la épica para rescatar al equipo en el peor momento del partido más dramático de una nefasta temporada. Con un chispazo genial, el argentino dobló el encuentro hacia su orilla, que es la del Atlético, y sacó al equipo de una racha depresiva, tras cuatro derrotas ligueras consecutivas. Las aguas bajaran serenas al menos una semana más, hasta la próxima cita del club con su realidad más cruda y reciente: una afición enervada y un equipo a costurones.

    Rearmado al descanso, el Zaragoza había volteado el campo y Bertolo descosía a Ujfalusi con cada arremetida. Tras una gran primera parte, el Atlético se encogió y volvió al pasaje del terror, de donde lo rescató su hombre más definitivo, su futbolista de rango mayor. Agüero hace posible el Atlético. En un deporte que se sostiene en el colectivo, cuando el grupo tiembla, lo individual marca las diferencias. El desenlace, no apto para cardíacos, con dos larguerazos maños, guiñó por fin un ojo al grupo de Quique, que resumía dos meses de miserias con una victoria en diez envites.

    ...

    Al Atleti se le ve el plumero en un minuto. Si sale enganchado, es un libro abierto. En La Romareda, en el primero ya había disparado a puerta, botado dos corners y casi rozado el gol en un remate impreciso de Raúl García. Guiado por Reyes, que comenzó desatado, el equipo cabalgó con ánimo y se vio al margen de la tormenta de las últimas semanas.

    En la enésima vuelta de tuerca de Flores, el técnico dio carrete a Koke, con el que venía flirteando las últimas semanas. El canterano sacó provechó a su versatilidad, partiendo de una banda, y demostró sencillez y agilidad de piernas para soltar el balón bien y rápido. Funcionó Tiago, radiante con su nuevo socio, al que se sumó Raúl García, menos pesado que de costumbre, y Forlán en su versión más solidaria.

    Creció el mediocampo atlético porque, del lado maño, Gabi no tuvo amigos. Sin Lafita y Herrera, el Zaragoza se desmembró por el medio, con Ponzio incrustado entre los centrales para cerrar a Agüero y el gigantón N'Daw siguiendo la pista de Reyes. El sevillano, que condensó su partido en la primera media hora, metió un balón interior al Kun que solo pudo frenar Leo Franco, el mejor de los suyos, en una salida vertiginosa. El duelo entre guardameta y delantero, paisanos y excompañeros, se repetiría un par de veces más. En un contragolpe, el Kun abusó del balón y trató de resolver en solitario, con Franco palmeando la pelota in extremis. Poco después, fue Gabi el que sacó sobre la línea un cabezazo magnífico de Tiago. El capitán del Zaragoza, en estado de gracia, soltaría al rato un latigazo que se marchó silbando la escuadra de De Gea.

    En el mejor momento del encuentro, el Atlético lo empezó a ver claro y Agüero estuvo de nuevo a una décima del gol. Una gran combinación con Koke terminó con el argentino gambeteando rivales en el área hasta que Franco apareció de nuevo para rebañarle el balón desde el suelo, y con la pericia de cirujano, impedir el remate hasta la llegada de sus compañeros.

    Aguirre movió ficha al descanso, con la entrada de Bertolo por Sinama, y Gabi quedó liberado por detrás de Braulio. Vivió los mejores momentos el Zaragoza, que recogió el balón despreciado por el Atleti y empezó a funcionar con sentido. Los rojiblancos perdieron gas como un espumoso barato y pasaron a modo futbolín: guardar la posición, pedir al pie y asociarse lo justo. Aumentó la imprecisión, la línea defensiva se acobardó y el equipo pasó a alerta naranja.

    Se ahogaba el Atleti cuando Agüero resolvió su duda de si guerrear por su cuenta o esperar a sus compañeros. Una melé de infarto en el área atlética precedió una contra a cámara lenta que solo el Kun aceleró. Desde la izquierda, Forlán vio entrar a su socio y le desplazó el balón al balcón del área. Allí recibió Agüero, al que le esperaba Ponzio, su perro de presa toda la noche. El argentino quemó rueda, cerró el angulo y perfiló su diestra para reventar la pelota y hacer inútil las intenciones de Franco.

    Con el 0-1, Aguirre dió bola a Uche, tras meses lesionado, y al Atlético casi le da un infarto. El nigeriano astilló el larguero con un misil que dejó de piedra a De Gea. Dos minutos después, fue Bertolo quien pusó en evidencia de nuevo a Ujfalusi y se coló hasta donde pudo antes de volver a disparar la pelota contra la madera. No siempre la fortuna es antiatlética.

    27 de septiembre de 2010

    el atlético sobrevive a reyes. ATLÉTICO 1 - ZARAGOZA 0

    Afrontaba el Atlético un partido bisagra, tras eludir un calendario difícil, para esclarecer sus verdaderas posibilidades en la competición. Las cosas marchaban con comodidad, hasta que en la segunda mitad se sucedió el carrusel de disparates. Primero el colegiado señaló cesión en una recuperación de Tiago a treinta metros de su guardameta. La acción no tuvo repercusiones mayores, pero encendió tanto la caldera rojiblanca que Reyes convirtió la indignación en violencia. En la jugada siguiente, ajustició al primero que se le cruzó, Contini, con una agresión a diez zancadas del balón. Una acción infantil, innecesaria y descomunal que pudo salir mucho más cara.

    Con la expulsión, el partido se rompió. Quique se enredó con los cambios y el Zaragoza despertó. Porque hasta entonces el Atlético carburaba. Volvió por momentos a encontrar el sentido lúdico del juego tras varios encuentros graníticos. Una hora de buenas sensaciones, con control del balón, debut notable de Filipe Luis, gol de Costa y cero preocupaciones. Tiago manejaba en la cocina, con el equipo por primera vez más interesado en la zona ancha que en las áreas.


    Solo bastó un periodo para entender que el portugués tiene en su mano el salto de calidad de este equipo. No porque sea el futbolista más desequilibrante, sino por ser el que más influencia tiene sobre el colectivo. Sabe de pausas y de ritmo. Nunca le sobra un toque, apoya, defiende y adelanta la presión. Hace jugar al resto, se ofrece allí donde hace falta y además recupera. Con continuidad, y sumado al bloque defensivo y la pegada de sus estrellas, el grupo podría encontrar su equilibrio.

    La gran noticia, además de la descongestión que aporta Tiago, fue la aparición de Filipe en el costado. El lateral completó una primera parte notable, correcto en defensa y con solvente salida en banda. Se lanzó al ataque sin recelo, combinó bien con Simao, y cabalgó para asistir a Diego Costa en el gol atlético. Tiene Flores un futbolista de una envergadura formidable, que lee el juego y al que le acompaña la técnica, un futbolista que puede darle otra dimensión al juego ancho del equipo.


    Precisamente el zurdo brasileño estuvo a punto de hacer el segundo, tras empalar un balón que se marchó acariciando el palo de Leo Franco. El guardameta argentino, que volvía al Calderón, tuvo que marcharse magullado entre la ovación de la grada. Minutos después, de una gran combinación entre Tiago y Reyes salió una asistencia para Costa que Doblas, recién ingresado, tuvo que rechazar. El atacante brasileño, de nuevo pareja de un gris Forlán, estuvo bullicioso y aplicado en el despliegue.

    Tras la autoexpulsión de Reyes, el partido viró. No hacia el Zaragoza, sino hacia una zona muerta donde los maños ganaron posesión y algunos metros, pero se negaron en ataque. Tuvo que ver que Quique retirará a Tiago, entendiendo que necesitaba más guerrear que controlar, e introduciera a Mario Suárez.

    Para entonces también había entrado Sinama, otro ex atlético, para jugar al lado de Marco Pérez, pero entre ambos apenas sumaron un delantero decente. Bien guiados en ese tramo por la conexión Gabi-Ander Herrera, los de Gay no apañaron a trenzar una jugada en tres cuartos de cancha. El talento maño empieza y acaba en Herrera, de largo su mejor futbolista sobre el campo, poco acompañado esta vez por sus compañeros. Lafita encaró de vez en cuando, pero la defensa adelantada de los atléticos les impedía pisar el área y solo un par de disparos lejanos de Gabi exigieron que De Gea se quitara las telarañas.

    Con diez, Costa parcheó con voluntad en banda derecha hasta la entrada de
    Valera y Godín estuvo cerca de anotar a la salida de un córner. Notable partido de nuevo del uruguayo, que achicó por tierra y aire, y que incluso volvió al terreno en un ejercicio de coraje tras ser atendido de un golpe en el muslo. Ayudó al sostén defensivo final el despliegue de Assunçao, que barrió su zona y la del resto con impecable eficacia.

    Dió el último tramo para ver unos minutos a Agüero, lento y fuera de forma, pero de cuya recuperación depende la mejoría definitiva del grupo. Le hace falta también a Forlán la compañía del argentino, sin el cual se minimiza y la carga de responsabilidad es mucho mayor.