Al Atleti se le ve el plumero en un minuto. Si sale enganchado, es un libro abierto. En La Romareda, en el primero ya había disparado a puerta, botado dos corners y casi rozado el gol en un remate impreciso de Raúl García.
Guiado por Reyes, que comenzó desatado, el equipo cabalgó con ánimo y se vio al margen de la tormenta de las últimas semanas.
En la enésima vuelta de tuerca de Flores,
el técnico dio carrete a Koke, con el que venía flirteando las últimas semanas. El canterano sacó provechó a su versatilidad, partiendo de una banda, y demostró sencillez y agilidad de piernas para soltar el balón bien y rápido. Funcionó Tiago, radiante con su nuevo socio, al que se sumó Raúl García, menos pesado que de costumbre, y Forlán en su versión más solidaria.
Creció el mediocampo atlético porque, del lado maño, Gabi no tuvo amigos. Sin Lafita y Herrera, el Zaragoza se desmembró por el medio, con Ponzio incrustado entre los centrales para cerrar a Agüero y el gigantón N'Daw siguiendo la pista de Reyes. El sevillano, que condensó su partido en la primera media hora, metió un balón interior
al Kun que solo pudo frenar Leo Franco, el mejor de los suyos, en una salida vertiginosa. El duelo entre guardameta y delantero, paisanos y excompañeros, se repetiría un par de veces más. En un contragolpe, el Kun abusó del balón y trató de resolver en solitario, con Franco palmeando la pelota
in extremis. Poco después, fue Gabi el que sacó sobre la línea un cabezazo magnífico de Tiago. El capitán del Zaragoza, en estado de gracia, soltaría al rato un latigazo que se marchó silbando la escuadra de De Gea.
En el mejor momento del encuentro, el Atlético lo empezó a ver claro y Agüero estuvo de nuevo a una décima del gol. Una gran combinación con Koke terminó con el argentino gambeteando rivales en el área hasta que Franco apareció de nuevo para rebañarle el balón desde el suelo, y con la pericia de cirujano, impedir el remate hasta la llegada de sus compañeros.
Aguirre movió ficha al descanso, con la entrada de Bertolo por Sinama, y Gabi quedó liberado por detrás de Braulio. Vivió los mejores momentos el Zaragoza, que recogió el balón despreciado por el Atleti y empezó a funcionar con sentido. Los rojiblancos perdieron gas como un espumoso barato y
pasaron a modo futbolín: guardar la posición, pedir al pie y asociarse lo justo. Aumentó la imprecisión, la línea defensiva se acobardó y el equipo pasó a alerta naranja.
Se ahogaba el Atleti cuando
Agüero resolvió su duda de si guerrear por su

cuenta o esperar a sus compañeros. Una
melé de infarto en el área atlética precedió una contra a cámara lenta que solo el Kun aceleró. Desde la izquierda, Forlán vio entrar a su socio y le desplazó el balón al balcón del área. Allí recibió Agüero, al que le esperaba Ponzio, su perro de presa toda la noche. El argentino quemó rueda, cerró el angulo y perfiló su diestra para
reventar la pelota y hacer inútil las intenciones de Franco.
Con el 0-1, Aguirre dió bola a Uche, tras meses lesionado, y al Atlético casi le da un infarto.
El nigeriano astilló el larguero con un misil que dejó de piedra a De Gea. Dos minutos después, fue Bertolo quien pusó en evidencia de nuevo a Ujfalusi y se coló hasta donde pudo antes de volver a disparar la pelota contra la madera. No siempre la fortuna es
antiatlética.