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19 de septiembre de 2011

ruge falcao. ATLÉTICO 4 - RACING 0

"Hoy es el principio de una larga historia de Falcao en el Atlético." Manzano.

  • El combiano hizo 3 tantos y lleva ya 4 en 158 minutos disputados en el Calderón (Liga y Europa League).
  • Manzano retrasó a Diego a la línea de medios, donde manejó los hilos del partido: firmó 55 de los 323 pases del equipo en el primer acto.
  • El Atlético tuvo una posesión del 67%. El Racing no remató a puerta. No hubo disputa.


  • Solo le faltaba el gol a un Atlético que ya venía cumpliendo jornadas atrás con todos los preceptos del buen estilo balompédico. Empeñado en resolver sus cuestiones a través del balón, el conjunto de Manzano está empezando a sentir la inercia creciente de sus protagonistas principales. La aparición fulgurante de Falcao, que pegó tres zarpazos en una hora, trasladó al fin la apuesta futbolística al marcador, con concluyente resumen productivo: por el camino del cuero, tarde o temprano se llega a los resultados.

    El colombiano inyectó gol en vena a un equipo que venía rodándose en su gusto por la posesión y la elaboración artesanal del juego. Gran culpa tiene Manzano, otrora insulso especulador, que ingenia sistemas imposibles donde sus talentos floten sin impedimento. Así, Diego, cerebro iluminador, encontró por delante la movilidad de Arda, Reyes y Falcao, en un poker balompédico tan novedoso como excitante.

    Sigue el Atlético un proceso evolutivo que le lleva a crecer un escalón cada semana, según sus piezas van encajando el mecano. Goleó a un Racing enclenque, que si ya va justo, pagó las bajas de cuatro hombres capitales -Diop, Colsa, Kennedy, Munitis- y llegó al Calderón hecho un andrajo. El conjunto cántabro fue un sparring en manos de un Atlético lanzado, casi en estado de euforia, que pegó lo necesario antes del descanso y luego se dejó llevar. Debutó Pizzi, anotó Adrián y sonrió un Calderón que no esperaba hace dos meses encontrarse con semejante sorpresa sobre el césped. Es el nuevo Atlético, y sabe jugar al fútbol.


    falcaokiller. Si el gol se paga, Falcao es una inversión. El colombiano es un especialista, un superdotado de la anotación. Domina la portería, el remate, las intuiciones del portero. Rebusca entre las debilidades de su marcador y pellizca en el momento justo. Sus mecanismos se van haciendo familiares, le encontró Reyes, primero, y Arda, después. El primer tanto fue una declaración de principios: acompañamiento, búsqueda del vacío, ruptura hacia atrás, control, remate seco. El área es su hábitat, que busque el balón fuera no ayuda. Gol, siempre gol y poco más que gol.

    manzanamecánica. Cabe una mención especial a Manzano, técnico bajo sospecha, que ha superado lo que anunciaba ser el mayor vacío de la historia reciente. El jienense ha construido un grupo alrededor de las buenas intenciones y está sabiendo dejar campar a cada cuál en su espacio. Sin rigidez, sin corsés, sin una legión de espartanos para equilibrar una pizca de talento. Manzano lo pone todo. Saca lo mejor que tiene y lo inunda de confianza y responsabilidad. La capacidad de mando de dos recién llegados como Diego y Arda va más allá de sus curriculum. Dominan desde el talento. Es la nueva aristocracia atlética.

    mecánicamanzana. No hacer a los futbolistas esclavos de un sistema, la apuesta indecente de futbolistas ofensivos en un once y la gestión de las variantes del equipo. Grandes éxitos de Manzano, que sigue explorando la pizarra. Afianza su línea de 3 medios, donde Diego se soltó más que Gabi y da flexibilidad a los 3 siguientes. Un teórico enlace -Arda- con mucha movilidad, y una delantera Reyes-Falcao retocando su ubicación en relación a su perfil determinado.

    flexibilidad. El 4-3-3 no tiene ataduras, sino intenciones. Con gran naturalidad, Manzano pone el sistema al servicio de los futbolistas, y no al revés. El guión se escribe más con el balón que con la pizarra: deja flotar a Diego con un par de escoltas; baila a Reyes de una banda a otra; y libera a Arda para la asociación interior. Desde esos criterios, la movilidad es máxima. 3 crean, 3 definen. Sin limites zonales. En los movimientos sin balón, la rotación de los puestos y la alta presencia de perfiles ofensivos, este Atlético recuerda al mejor Arsenal.


    reyessebusca. Con Arda y Diego detrás, Reyes se enfundó casaca de atacante y se movió con la libertad que le da tener a Falcao como referencia. Al sevillano le falta aún asociación con los nuevos, tal vez porque su juego exige conducción y campo por delante. El curso pasado le (mal)acostumbró a llevar la iniciativa desde la acción individual. En este grupo se debe reciclar. Debe afinar su juego en zonas donde rentabilice su capacidad para desestabilizar. Ni aporta en la creación ni debe solapar zonas interiores. Su fútbol debe pasar por acelerar la zona de tres cuartos.

    calidad+caos. En su sitio, todos son felices, pero hay momentos de locura posicional colectiva. Al ataque le faltó organización y le sobró crispación. Zonas saturadas, grandes vacíos. Casi todo fruto de la falta de automatismos y solucionable con el paso de los partidos. Tiago llegó bien, rompiendo el ataque posicional, pero le robó zonas de remate a Falcao, que tampoco abrió huecos a la llegada de la segunda línea. Arda dejó sin balón a Reyes, que abusó del regate en parado.

    evolution. Repartir el talento en más de un futbolista es un signo de evolución futbolística. Así, el crecimiento del Atlético de este curso se asienta desde el funcionamiento coral. En términos productivos, se ha especializado. Diego es el gran talento creador, la bisagra funcional, pero no se le exige resolver el gol, esa veta corresponde a Falcao. Reyes y Arda son la línea de aceleración, donde el juego de posesión debe encontrar las rampas hacia el área. Es una evolución al monopolio referencial de Torres o Agüero. Este Atlético genera especialistas.

    10eldiego10. Con el brasileño en el campo, de cada 6 pases que dió el equipo, 1 era suyo. Su protagonismo es innegable; sus prestaciones, inagotables. El brasileño es una presencia constante, sin intermitencias. El martillo pilón del buen gusto, el pase interior y las intenciones a ras de césped. Su presencia da sentido al equipo y evita que se rompa en defensores y atacantes. Diego es el ancla, el ojo del huracán.

    ardatotal. Gran acierto retrasar a Arda para hacer de Diego. Todo el talento situado por detrás del balón y sobre la franja de posesión siempre da el protagonismo. Funcionó primero con Diego, y después con Arda. En el caso del turco, es un descubrimiento su pausa y juego posicional. Maneja los tiempos, trabaja, manda, tiene un registro por dentro y otro para fuera. Gran inteligencia futbolística. Toca rápido y rompe sin que se le espere. Segunda línea en estado puro, la mitad del 3º gol es suyo. Futbolista constante, nadie participó más -91 pases en 90 minutos-. El juego interior del Atlético tiene fases de altísimo nivel. Con el equipo más rodado, la estructura se podría sujetar con Diego y Arda sobre un pivote defensivo. Ambos tienen equilibrio y aumentan la posesión como método defensivo.

    faserem. En la segunda mitad, retirado Diego, el equipo aumentó la posesión horizontal, defensiva. Aburrió al rival y dejó que los delanteros recibieran descansados. Defendiendo con posesión, el Racing desapareció. El fútbol lento fue menos brillante, pero bastó para defender y llevar la pelota a la zona de tres cuartos. Allí donde el talento se impone.

    gestióncambios. Buen ojo de Manzano. No forzó a Diego, que andaba tocado, pero tampoco quiso mandar un mensaje de conformismo y sacó un delantero -Adrián-. Hizo debutar al único fichaje que quedaba -Pizzi- en una tarde alegre y siguió cuidando a Juanfran. Al alicantino le busca sitio en el dibujo. Salió por Reyes y le hizo jugar por dentro, muy arriba, flotando de teórico punta. No funcionó.


    aún no sigues al humanisto??

    11 de mayo de 2011

    el atlético se seca. RACING 2 - ATLÉTICO 1




    La racha goleadora que trajo el entusiasmo a orillas del Manzanares durante unas semanas ha dejado paso a una tierra baldía donde los errores defensivos no disminuyen de calado, pero la ambición goleadora tiende cada vez más a cero. De anotar 12 goles en los anteriores 4 partidos, se ha pasado a la victoria con apuros en Coruña, el paseo que se dió el Málaga la semana pasada por el Calderón y la lastimosa derrota en Santander, donde el Atlético disparó una sola vez entre palos. El gol.

    Aupado a la chepa de Agüero, el equipo trotaba seguro, porque sus errores en defensa los corregía el acierto goleador de su frente ofensivo, especialmente inspirado. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, al Kun le ha entrado un hipo extraño y, alrededor, sus compañeros se han quedado mirando como quien ve pasar una vaca, sin capacidad de reacción. Es la dependencia en su mayor grado de expresión.

    En Santander, al conjunto de Marcelino le bastaron dos ramalazos aislados de sus troteros suecos, Kennedy y Rosenberg, para meter al Atlético en un embudo mental del que le fue imposible escapar. Ambos tantos, como es tradición, penosamente defendidos por los rojiblancos, en una endemia que sería materia de estudio para expertos de la coordinación y el habitat de los bípedos.

    Bien es cierto que las bajas obligaban a una defensa de circunstancias -tres cuartos de suplentes- que, sin esfuerzo, igualó a la habitual en peripecias sin sentido. El harakiri está vez lo firmaron una coreografía grupal en el primer tanto, con foto finish de un inerte De Gea; y un horrible Domínguez, en el segundo. El canterano, que aparecía por las ausencias de Perea y Godín, confirma con su rendimiento la fe que le ha retirado Quique este curso. Ha perdido mucho de lo que le hizo ganar elogios hace apenas un año, y aunque quizá tenga que ver con su falta de regularidad en el once, es igualmente cierto que podría haber conseguido más continuidad estando acertado en sus apariciones residuales. Precisamente, si la zaga se sostuvo a ratos, fue por la presencia de Ujfalusi, desplazado al centro como apagafuegos de sus colegas de retaguardia.

    Aún así, el gol cayó pronto del lado Atlético. En una jugada de chiripa, tras un saque de esquina y un par de rechaces, el balón fue a parar a la frontal, donde apareció insospechadamente el bigardo de Mario Suárez para templar con suavidad la pelota a la red de Toño. Trotó un rato el Atleti con el marcador a favor hasta que una falta lateral botada por Kennedy y defendida por los hermanos Marx dió finalmente con el empate. Antes del parón, Antonio López, especialidad de la casa, mandó un libre directo teledirigido que escupió el larguero antes de ser definitivamente rechazado por la zaga cántabra.

    La simpleza del planteamiento de Marcelino fue aniquiladora. Mandó buscar a Rosenberg y Dos Santos sin intermediarios, vía Henrique, que fustigó a la grada con un concurso de pelotazos durante gran parte del encuentro. El técnico racinguista ordenó retrasar la línea defensiva hasta la corona del área, donde ahogó los espacios de Agüero y Reyes, dúo atacante de los rojiblancos. Con semejante distancia, el campo se le hizo enorme al Atlético, que dominó sin problemas la distribución con Suárez y, especialmente, Tiago -85/103 en pases-. Pero unos metros más adelante, al Atlético se le apagaba la luz. Ni Elías ni Koke, falsos extremos, lograron protagonismo por dentro y el equipo caminó en la oscuridad.

    Como resolución final, Domínguez cometió todos los errores que puede cometer un defensa en un par de segundos. Con la posición ganada ante Rosenberg, estuvo blandísimo en la cobertura. Cubrió el balón por fuera y se dejó comer el espacio por el atacante escandinavo, que no es precisamente un velocista. Después perdió el choque pese a que le saca un palmo de anchura de hombros y, finalmente, se fue al suelo cuando podía haberle achicado el espacio. El remate del sueco se coló por el palo corto sin que De Gea tampoco se empeñara demasiado en evitarlo. Retrato de actualidad de la pareja defensiva de moda hace no tanto tiempo. Estuvo mejor el guardameta con una mano velocísima ante el giro de Dos Santos, que poco después repitió remate, esta vez rechazado por la madera. La reinserción del mexicano en su vuelta a la Liga española es evidente: ha liderado la lucha por la permanencia y suma cinco tantos vitales en el tramo final.

    Quique gastó la última la bala de Forlán, de fogeo desde hace tiempo, y terminó por perder el duelo táctico ante Marcelino, que acabó con cuatro laterales sobre el campo. El Racing certificó su permanecia en Primera durante una campaña más y el Atlético confirmó que su autoestima depende inevitablemente de su dominio de las dos áreas. O dicho de otro modo, que los defensas no tropiecen y que aparezca Agüero.

    4 de enero de 2011

    incapaz atlético. ATLÉTICO 0 - RACING 0




    Un Atlético descafeinado y cansino, azotado por las numerosas bajas, encalló en su primer duelo anual, esta vez sin rescate de sus magníficos, en parte porque sólo quedaba uno vivo -Agüero, reciente capitán-, y se fue diluyendo con los minutos. Irreconocible de cintura para arriba, el conjunto rojiblanco se estrelló contra un Racing que nunca había hecho tan poco para llevarse tanto, frenando así el buen ritmo que le había acercado a los puestos Champions, de nuevo a cuatro puntos.

    El fondo de armario no le dió para más a Quique. Con Forlán lesionado, Reyes sancionado y Simao en Turquía, metió a un costado todo el talento disponible con Mérida y en el otro la metralla de Raúl García. Para más males, Domínguez se cayó en la previa y Tiago se partió al cuarto de hora, en un tirón propio de vuelta de descanso. Salió Valera, lo más profundo que le quedaba al Atlético, todo esta dicho.



    Sin alas ni timonel, el plan atlético es que no hubo plan. Agüero comenzó chispeante, con un remate escorado tras conexión con la zurda de Mérida que desbarató Toño mandando a córner. Al argentino le duró media hora la gasolina y terminó borrado antes del descanso. Además, con Diego Costa el Kun se desespera. Se harta a darle gritos, no le encuentra y a menudo ocupan los mismos espacios.

    El brasileño no permite aún lecturas definitivas. El chico no mezcla con nadie, busca la línea de ensayo en cada envite y convierte la franja de ataque atlética en el far west. Un par de remates de buen delantero, el último sobre la bocina, le redimen de sus embistes personales, pero debe pulir su fútbol de guerrilla para sumar en el Atlético. Toño pasó apuros con un remate del carioca en el primer acto, tras conducir desde el costado, siempre cabeza gacha, y disparar cruzado desde la frontal.

    Con el Kun postvacacional y Costa desbocado, el Atlético se encomendó al alboroto de Mérida. En su tercer partido de titular, el catalán está aún falto de ritmo. Le falta un hervor para ser decisivo en el equipo, pero el proyecto es interesante. Falla a menudo porque actúa antes de pensar, con precipitación. Aún no maneja el paisaje que le rodea ni los movimientos de sus compañeros. Cuando su fútbol gane pausa, y aprenda a tomar aire, dará un paso adelante. Tiene los cimientos de la escuela Barça y el aprendizaje Wenger. Si Quique le echa horas y el chico encuentra socios, el Atlético ganará un futbolista en tres cuartos de campo.

    Mientras el Atlético no carburaba, el Racing, sorprendido por la falta de intensidad de los locales, echó el cerrojo y cruzaba los dedos cada vez que le llovía un balón a Rosenberg. El sueco la tuvo en la reanudación tras un regalo marca de la casa de Perea, pero le cogió tan desprevenido que se trastabilló con el remate. Más clara aún fue la que le sacó De Gea con el pie en una parada de balonmano, tras pase interior de Diop.

    En los relevos, Quique prefirió a Koke -18 años, quinto partido en 1ª- antes que a Suárez y el chico a punto estuvo de marcar en una volea lejana que complicó a Toño con el bote. Ni siquiera el cabezazo postrero de Costa, que pudo dar la victoria, mejora la imagen del equipo colchonero, que deberá reforzar sus costados si quiere aspirar a altos vuelos en el nuevo año.