
Definitivamente, el mejor Atlético de la temporada ha aparecido en Primavera, con las flores, crecido y alegre, corrigiendo la mirada de su parroquia del palco al césped. Fiable de los pies a la cabeza, el conjunto de Quique hace semanas que abandonó la conducta pusilánime y viciosa que paseó durante dos tercios del curso, y comienza a trepar puestos en un digno lavado de cara postapocalípitico. En los últimos ocho encuentros, solo contabiliza una derrota, frente al Madrid.
Ante una Real Sociedad sin argumentos, los chicos del Manzanares pasaron una tarde estupenda entre paredes, regates y goles de bandera. Flores lleva meses dándole vueltas a la fórmula de la Coca-Cola, y la última ha sido darle fe a Diego Costa, martillo percutor que escondía alma de seda bajo la carcasa. Tras el triplete de Pamplona, material de archivo, el sentido común aconsejaba continuidad. El técnico aplicó meritocracia y repitió con el brasileño en el once y Forlán en el banco.
Tardó poco Costa en darle la razón a su entrenador. Tras varios avisos con el cuero al pasto, el Atlético sacó provecho de la templanza de su ariete. El chico amansó un balón con el pecho y abrió hueco para que se colara Filipe por su espalda, al que asistió con un certero taconazo. El lateral entró como un avión y empotró a Bravo, que había realizado alguna intervención de mérito.
Apañado el marcador, el Atleti era una fiesta.
Decidido y coral, el equipo no tuvo fisuras y se desmelenó con el balón. Ujfalusi dejaba surcos en su carril, el trío Tiago-Suárez-Koke se lo pasaba pipa y Reyes estuvo crecidísimo. El sevillano afiló primero con un libre directo que se marchó silbando el poste antes de que una combinación de alto riesgo entre Agüero y Diego Costa terminará con un movimiento vertiginoso del carioca y el balón en la madera.
Viento en popa, Reyes apareció al filo del descanso en su versión más callejera, subversiva, casi underground. Recibió en la esquina del área y le rapeó tres estrofas al bueno de Carlos Martínez, que se desplomó como un saco mientras el utrerano se colaba y cedía a Suárez para el segundo tanto atlético. Ardía la grada.
No hubo rastro de la Real hasta la reanudación, donde apareció algo más combativa. Pero Perea no le quitaba ojo a Tamudo y De Gea estuvo más que oportuno con alguna manopla salvadora. En el otro área, Bravo se multiplicaba para frenar un par de disparos de Koke y un cabezazo a quemarropa de Costa. Sin embargo, el chileno no pudo con Agüero, palabras mayores. El Kun aprovechó un mal salto de Martínez tras un corner vasco y se echó a la carrera sesenta metros para batir a Bravo de disparo cruzado. Para entonces, ya estaba sobre el campo Forlán, que dividió al personal entre silbidos y aplausos en una tarde atlética muy primaveral.
Ante una Real Sociedad sin argumentos, los chicos del Manzanares pasaron una tarde estupenda entre paredes, regates y goles de bandera. Flores lleva meses dándole vueltas a la fórmula de la Coca-Cola, y la última ha sido darle fe a Diego Costa, martillo percutor que escondía alma de seda bajo la carcasa. Tras el triplete de Pamplona, material de archivo, el sentido común aconsejaba continuidad. El técnico aplicó meritocracia y repitió con el brasileño en el once y Forlán en el banco.
Tardó poco Costa en darle la razón a su entrenador. Tras varios avisos con el cuero al pasto, el Atlético sacó provecho de la templanza de su ariete. El chico amansó un balón con el pecho y abrió hueco para que se colara Filipe por su espalda, al que asistió con un certero taconazo. El lateral entró como un avión y empotró a Bravo, que había realizado alguna intervención de mérito.
Apañado el marcador, el Atleti era una fiesta.
Decidido y coral, el equipo no tuvo fisuras y se desmelenó con el balón. Ujfalusi dejaba surcos en su carril, el trío Tiago-Suárez-Koke se lo pasaba pipa y Reyes estuvo crecidísimo. El sevillano afiló primero con un libre directo que se marchó silbando el poste antes de que una combinación de alto riesgo entre Agüero y Diego Costa terminará con un movimiento vertiginoso del carioca y el balón en la madera.Viento en popa, Reyes apareció al filo del descanso en su versión más callejera, subversiva, casi underground. Recibió en la esquina del área y le rapeó tres estrofas al bueno de Carlos Martínez, que se desplomó como un saco mientras el utrerano se colaba y cedía a Suárez para el segundo tanto atlético. Ardía la grada.
No hubo rastro de la Real hasta la reanudación, donde apareció algo más combativa. Pero Perea no le quitaba ojo a Tamudo y De Gea estuvo más que oportuno con alguna manopla salvadora. En el otro área, Bravo se multiplicaba para frenar un par de disparos de Koke y un cabezazo a quemarropa de Costa. Sin embargo, el chileno no pudo con Agüero, palabras mayores. El Kun aprovechó un mal salto de Martínez tras un corner vasco y se echó a la carrera sesenta metros para batir a Bravo de disparo cruzado. Para entonces, ya estaba sobre el campo Forlán, que dividió al personal entre silbidos y aplausos en una tarde atlética muy primaveral.


