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11 de abril de 2011

un atleti al alza. ATLÉTICO 3 - R. SOCIEDAD 0




Definitivamente, el mejor Atlético de la temporada ha aparecido en Primavera, con las flores, crecido y alegre, corrigiendo la mirada de su parroquia del palco al césped. Fiable de los pies a la cabeza, el conjunto de Quique hace semanas que abandonó la conducta pusilánime y viciosa que paseó durante dos tercios del curso, y comienza a trepar puestos en un digno lavado de cara postapocalípitico. En los últimos ocho encuentros, solo contabiliza una derrota, frente al Madrid.

Ante una Real Sociedad sin argumentos, los chicos del Manzanares pasaron una tarde estupenda entre paredes, regates y goles de bandera. Flores lleva meses dándole vueltas a la fórmula de la Coca-Cola, y la última ha sido darle fe a Diego Costa, martillo percutor que escondía alma de seda bajo la carcasa. Tras el triplete de Pamplona, material de archivo, el sentido común aconsejaba continuidad. El técnico aplicó meritocracia y repitió con el brasileño en el once y Forlán en el banco.

Tardó poco Costa en darle la razón a su entrenador. Tras varios avisos con el cuero al pasto, el Atlético sacó provecho de la templanza de su ariete. El chico amansó un balón con el pecho y abrió hueco para que se colara Filipe por su espalda, al que asistió con un certero taconazo. El lateral entró como un avión y empotró a Bravo, que había realizado alguna intervención de mérito.

Apañado el marcador, el Atleti era una fiesta. Decidido y coral, el equipo no tuvo fisuras y se desmelenó con el balón. Ujfalusi dejaba surcos en su carril, el trío Tiago-Suárez-Koke se lo pasaba pipa y Reyes estuvo crecidísimo. El sevillano afiló primero con un libre directo que se marchó silbando el poste antes de que una combinación de alto riesgo entre Agüero y Diego Costa terminará con un movimiento vertiginoso del carioca y el balón en la madera.

Viento en popa, Reyes apareció al filo del descanso en su versión más callejera, subversiva, casi underground. Recibió en la esquina del área y le rapeó tres estrofas al bueno de Carlos Martínez, que se desplomó como un saco mientras el utrerano se colaba y cedía a Suárez para el segundo tanto atlético. Ardía la grada.

No hubo rastro de la Real hasta la reanudación, donde apareció algo más combativa. Pero Perea no le quitaba ojo a Tamudo y De Gea estuvo más que oportuno con alguna manopla salvadora. En el otro área, Bravo se multiplicaba para frenar un par de disparos de Koke y un cabezazo a quemarropa de Costa. Sin embargo, el chileno no pudo con Agüero, palabras mayores. El Kun aprovechó un mal salto de Martínez tras un corner vasco y se echó a la carrera sesenta metros para batir a Bravo de disparo cruzado. Para entonces, ya estaba sobre el campo Forlán, que dividió al personal entre silbidos y aplausos en una tarde atlética muy primaveral.

22 de noviembre de 2010

el atleti se supera. R. SOCIEDAD 2 - ATLÉTICO 4


En la primera salida realmente exigente, de forzosa victoria para optar a grandes logros, el Atlético golpeó la mesa. Superados San Mamés, donde ganó, y las colisiones de Mestalla, Pizjuán, Madrigal y Bernabeu, los de Quique comenzaban otra liga en Anoeta, la de gana fuera de casa. Guarnecido como local, el punto negro del técnico atlético este tiempo ha sido el rendimiento fuera del Manzanares, donde solo contaba tres victorias en trece meses -Xerez y Valladolid la temporada pasada, y Athletic ésta-. Lo solventó en San Sebastían -donde sólo el Madrid había marcado- en un partido confuso, intenso, lleno de peripecias y con tiempo para la épica, pero que deja a los rojiblancos como un conjunto de garantías.

No le fue bien desde el principio, en un inicio lamentable, el peor de la temporada, donde fue ampliamente superado por una Real Sociedad más generosa, ágil y lanzada en los costados. Sabida es la aportación de Xabi Prieto y su toque elegante, pero la aparición de Griezmann le ha dado otra marcha a los donostiarras. El francés es un proyecto de futbolista mayúsculo, con variantes de juego, eléctrico pero con pausa para asociar. Sin embargo, no fue de su zurda exquisita, sino de la diestra, de donde partió el balón que remachó Llorente. El tanto desnudó la pizarra de Flores, que había emparejado a Perea con el francés y a Ujfalusi con Llorente. La idea, se supone, era meter velocidad en banda y salida por el centro. Naufragio.

Bajo de voltios, rancio con el balón y con una falta de concentración preocupante, durante media hora el Atleti fue Tiago. Es encomiable la paciencia del portugués con sus compañeros cuando ordena tirar la línea, les suplica balones al pie o desgasta suela presionando en solitario. Y si el compás no funciona, agarra la pala y a currar. No desespera, no bracea entre bufidos y sabe leer como nadie las necesidades del equipo, empujando para aparecer en el área rival. Lideró en la cocina, mantuvo compostura durante la fase oscura del encuentro y cabalgó con el equipo en la remontada.

Durante el resto del partido, el Atleti fue Agüero. Y Forlán. Y Reyes. Y eso sí es clave. Hay noches en que da la sensación que bastaría con que los defensas no se chocaran para ganar partidos. Porque en forma, su trío ofensivo es absolutamente letal, imparable. Ya habían abierto el ojo al final de la primera mitad, coincidiendo con el respiro que se tomó la Real, pero terminaron de despertar tras el descanso. Reyes pateó un balón al cielo, que recorrió cuarenta metros y que el Kun convirtió en plastilina. Todavía le estaba mirando Ansótegui cuando el balón ya había pasado por Forlán y dormía en la red. La contra venía de un córner a favor de la Real y un despeje en zamorana de Tiago dentro del área.

El partido ganó temperatura y el estadio decibelios. Aparentó reacción local, pero se movió mejor el Atlético en la caldera, con Forlán desatado, en el mejor rato de los últimos dos meses. Cobra más sentido su juego unos metros atrás, donde enganchó con Ujfalusi, de nuevo lateral al galope, y Agüero hizo el segundo. En fuera de juego, por cierto. En la tarde de los balones largos, Tiago encontró a Forlán y éste al peor Bravo, que salió como pivot al rebote, dejando el caramelo en los pies de Agüero -9 goles en 13 partidos-.

La recta final, trepidante, valió para que se pegaran una vez cada uno. Simao jugó con fuego en la frontal y se quemó, para suerte de Diego Rivas, que hizo el gol de su vida. Luego Reyes, que en vuelo es imparable, partió a dos rivales antes de que Mikel González se lo llevará por delante. Simao marcó el penalti sobre la bocina, con Agüero y Forlán ya viéndolo todo desde el banco, descansados. De nuevo temibles, los dos han vuelto y con ello ha vuelto el Atleti, ya no hay duda.