
"Queríamos contactar cuanto antes con nuestros dos delanteros […] debimos tener más el control." QSF.
La cita de Cornellá sirvió para reencontrar a dos conjuntos desconociéndose, tras cuatro envites este curso, pero con el panorama bien distinto al del primer tramo de curso, cuando el Espanyol flirteaba con los puestos Champions y el Atlético aún preservaban sueños de grandeza. A estas alturas, el conjunto rojiblanco llegaba saltando a la comba, feliz como un niño bueno tras todo un año de insoportables travesuras; mientras los pericos, estrellados, hace semanas que tenían perforado su estadio, con cuatro derrotas en los últimos seis partidos de local.
El caso es que, pese a las trayectorias opuestas, Espanyol y Atlético terminaron por igualar fuerzas en un duelo trepidante, con más emoción que juego, y marcado por el Espanyol en las dos áreas: el acierto de Osvaldo, un tipo muy serio; y la fragilidad de la zaga, que vendió a Kameni dos veces, una al inicio de cada acto.
A Pochettino, todo buenas intenciones, no le tiembla la mano con los canteranos, y dispuso una defensa con cuatro veinteañeros de la casa, que, bien es cierto, cumplieron más de lo esperado, pese al tembleque inicial. El que más sufrió fue Galán, en el costado diestro, que se encontró con un Filipe desbocado. El lateral espanyolista fue un flan. Al minuto de juego, despejó una pelota con una caricia que quedó muerta a los pies de Koke, que no dudó ante la red.
El gol anestesió el frente ofensivo atlético, que recurrió a la boya de Diego Costa, opción perversa lejos del Calderón. Una nueva ausencia de Forlán, esta vez aparentemente justificada, dejó via libre al carioca en el frente. El equipo rojiblanco obvió el balón, retrocedió y se cerró como un acordeón en torno a Godín y Tiago, implacables en el corte y capitales lanzando los contragolpes hacia Costa y Agüero. Al argentino le faltó chispa para resolver una doble ocasión tras quedarse solo ante Kameni.
Como el Atlético rehusó la posesión, el Espanyol llegó hasta la trinchera, donde Verdú se hizo enorme. El canterano culé encontró el desmarque de Osvaldo, que se había aburrido con Godín y fue a probar al hueco entre Perea y Ujfalusi. Un filón. El argentino corrió al hueco y reventó el balón cuando el colombiano, que había recuperado metros, se lanzó para interceptarlo. El resultado fue una curva indescifrable para De Gea, observado desde la grada por un ojeador del Manchester United.
Desaparecido Reyes, más allá de un par de destellos, los rojiblancos pusieron empeño y tuvieron algunos tramos interesantes, pero les faltó hambre para cerrar el partido. Se fue Koke, magullado, y el Atlético perdió toda asociación interior. Agüero, demasiado intermitente, tardó en sacar la chistera. A la vuelta del descanso, una cesión horrible de Callejón sacó el fútbol canchero del argentino, que interceptó la trayectoria de la pelota y superó con una vaselina a Kameni, que se fue al suelo antes de tiempo. Seis tantos en sendos partidos para el Kun, extraordinario en el final de curso.
Con el saco repleto, al Atlético le volvió a entrar alergia al
cuero y recurrió a transiciones rápidas, fundiendo a sus puntas en carreras estériles. En el Espanyol entró Márquez, tras recuperarse de su lesión, que le dió otra dimensión al juego catalán. El Espanyol empujaba y Verdú encontró de nuevo la vía Osvaldo. El medio templó un balón al pasillo Ujfalusi-Perea, donde surgió de nuevo el delantero para cabecear cruzado lejos de los guantes de De Gea. En 18 partidos, el argentino ha hecho diez tantos, tres al Atlético.
Pasado el incendio, el Atlético templó el partido y se encomendó a Tiago, que se impuso en el destartalado mediocampo catalán del último tramo. La aparición más definitiva del portugués, sin embargo, fue el vuelo en un testarazo que obligó a Kameni a resarcirse con una cabriola a ras de césped. La bocina llegaría a Cornellá con Osvaldo resoplando la presión en el cogote de Perea. Una pesadilla.
El caso es que, pese a las trayectorias opuestas, Espanyol y Atlético terminaron por igualar fuerzas en un duelo trepidante, con más emoción que juego, y marcado por el Espanyol en las dos áreas: el acierto de Osvaldo, un tipo muy serio; y la fragilidad de la zaga, que vendió a Kameni dos veces, una al inicio de cada acto.
A Pochettino, todo buenas intenciones, no le tiembla la mano con los canteranos, y dispuso una defensa con cuatro veinteañeros de la casa, que, bien es cierto, cumplieron más de lo esperado, pese al tembleque inicial. El que más sufrió fue Galán, en el costado diestro, que se encontró con un Filipe desbocado. El lateral espanyolista fue un flan. Al minuto de juego, despejó una pelota con una caricia que quedó muerta a los pies de Koke, que no dudó ante la red.
El gol anestesió el frente ofensivo atlético, que recurrió a la boya de Diego Costa, opción perversa lejos del Calderón. Una nueva ausencia de Forlán, esta vez aparentemente justificada, dejó via libre al carioca en el frente. El equipo rojiblanco obvió el balón, retrocedió y se cerró como un acordeón en torno a Godín y Tiago, implacables en el corte y capitales lanzando los contragolpes hacia Costa y Agüero. Al argentino le faltó chispa para resolver una doble ocasión tras quedarse solo ante Kameni.
Como el Atlético rehusó la posesión, el Espanyol llegó hasta la trinchera, donde Verdú se hizo enorme. El canterano culé encontró el desmarque de Osvaldo, que se había aburrido con Godín y fue a probar al hueco entre Perea y Ujfalusi. Un filón. El argentino corrió al hueco y reventó el balón cuando el colombiano, que había recuperado metros, se lanzó para interceptarlo. El resultado fue una curva indescifrable para De Gea, observado desde la grada por un ojeador del Manchester United.
Desaparecido Reyes, más allá de un par de destellos, los rojiblancos pusieron empeño y tuvieron algunos tramos interesantes, pero les faltó hambre para cerrar el partido. Se fue Koke, magullado, y el Atlético perdió toda asociación interior. Agüero, demasiado intermitente, tardó en sacar la chistera. A la vuelta del descanso, una cesión horrible de Callejón sacó el fútbol canchero del argentino, que interceptó la trayectoria de la pelota y superó con una vaselina a Kameni, que se fue al suelo antes de tiempo. Seis tantos en sendos partidos para el Kun, extraordinario en el final de curso.
Con el saco repleto, al Atlético le volvió a entrar alergia al
cuero y recurrió a transiciones rápidas, fundiendo a sus puntas en carreras estériles. En el Espanyol entró Márquez, tras recuperarse de su lesión, que le dió otra dimensión al juego catalán. El Espanyol empujaba y Verdú encontró de nuevo la vía Osvaldo. El medio templó un balón al pasillo Ujfalusi-Perea, donde surgió de nuevo el delantero para cabecear cruzado lejos de los guantes de De Gea. En 18 partidos, el argentino ha hecho diez tantos, tres al Atlético.Pasado el incendio, el Atlético templó el partido y se encomendó a Tiago, que se impuso en el destartalado mediocampo catalán del último tramo. La aparición más definitiva del portugués, sin embargo, fue el vuelo en un testarazo que obligó a Kameni a resarcirse con una cabriola a ras de césped. La bocina llegaría a Cornellá con Osvaldo resoplando la presión en el cogote de Perea. Una pesadilla.






