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18 de abril de 2011

osvaldo afea al atlético. ESPANYOL 2 - ATLÉTICO 2




La cita de Cornellá sirvió para reencontrar a dos conjuntos desconociéndose, tras cuatro envites este curso, pero con el panorama bien distinto al del primer tramo de curso, cuando el Espanyol flirteaba con los puestos Champions y el Atlético aún preservaban sueños de grandeza. A estas alturas, el conjunto rojiblanco llegaba saltando a la comba, feliz como un niño bueno tras todo un año de insoportables travesuras; mientras los pericos, estrellados, hace semanas que tenían perforado su estadio, con cuatro derrotas en los últimos seis partidos de local.

El caso es que, pese a las trayectorias opuestas, Espanyol y Atlético terminaron por igualar fuerzas en un duelo trepidante, con más emoción que juego, y marcado por el Espanyol en las dos áreas: el acierto de Osvaldo, un tipo muy serio; y la fragilidad de la zaga, que vendió a Kameni dos veces, una al inicio de cada acto.

A Pochettino, todo buenas intenciones, no le tiembla la mano con los canteranos, y dispuso una defensa con cuatro veinteañeros de la casa, que, bien es cierto, cumplieron más de lo esperado, pese al tembleque inicial. El que más sufrió fue Galán, en el costado diestro, que se encontró con un Filipe desbocado. El lateral espanyolista fue un flan. Al minuto de juego, despejó una pelota con una caricia que quedó muerta a los pies de Koke, que no dudó ante la red.

El gol anestesió el frente ofensivo atlético, que recurrió a la boya de Diego Costa, opción perversa lejos del Calderón. Una nueva ausencia de Forlán, esta vez aparentemente justificada, dejó via libre al carioca en el frente. El equipo rojiblanco obvió el balón, retrocedió y se cerró como un acordeón en torno a Godín y Tiago, implacables en el corte y capitales lanzando los contragolpes hacia Costa y Agüero. Al argentino le faltó chispa para resolver una doble ocasión tras quedarse solo ante Kameni.

Como el Atlético rehusó la posesión, el Espanyol llegó hasta la trinchera, donde Verdú se hizo enorme. El canterano culé encontró el desmarque de Osvaldo, que se había aburrido con Godín y fue a probar al hueco entre Perea y Ujfalusi. Un filón. El argentino corrió al hueco y reventó el balón cuando el colombiano, que había recuperado metros, se lanzó para interceptarlo. El resultado fue una curva indescifrable para De Gea, observado desde la grada por un ojeador del Manchester United.

Desaparecido Reyes, más allá de un par de destellos, los rojiblancos pusieron empeño y tuvieron algunos tramos interesantes, pero les faltó hambre para cerrar el partido. Se fue Koke, magullado, y el Atlético perdió toda asociación interior. Agüero, demasiado intermitente, tardó en sacar la chistera. A la vuelta del descanso, una cesión horrible de Callejón sacó el fútbol canchero del argentino, que interceptó la trayectoria de la pelota y superó con una vaselina a Kameni, que se fue al suelo antes de tiempo. Seis tantos en sendos partidos para el Kun, extraordinario en el final de curso.

Con el saco repleto, al Atlético le volvió a entrar alergia al cuero y recurrió a transiciones rápidas, fundiendo a sus puntas en carreras estériles. En el Espanyol entró Márquez, tras recuperarse de su lesión, que le dió otra dimensión al juego catalán. El Espanyol empujaba y Verdú encontró de nuevo la vía Osvaldo. El medio templó un balón al pasillo Ujfalusi-Perea, donde surgió de nuevo el delantero para cabecear cruzado lejos de los guantes de De Gea. En 18 partidos, el argentino ha hecho diez tantos, tres al Atlético.

Pasado el incendio, el Atlético templó el partido y se encomendó a Tiago, que se impuso en el destartalado mediocampo catalán del último tramo. La aparición más definitiva del portugués, sin embargo, fue el vuelo en un testarazo que obligó a Kameni a resarcirse con una cabriola a ras de césped. La bocina llegaría a Cornellá con Osvaldo resoplando la presión en el cogote de Perea. Una pesadilla.


7 de enero de 2011

capitán kun. ESPANYOL 1 - ATLÉTICO 1




Agüero debe ser un superhéroe para los niños atléticos. Un mozalbete a rayas capaz de echar a correr con una pelota perseguido por un montón de tipos tratando de arrebatársela. La imagen, devastadora, se repite una y otra vez. Ni siquera Torres o Futre, por poner ídolos cercanos, tenían esa diferencia con el resto. Agüero es el mejor con mucho. Después nadie. Y mucho tiempo después de nadie, otros.

La presión del brazalete le ha disparado la responsabilidad. Con Antonio López enquistado en la caseta y Forlán zanjando cuentas, Agüero ha asumido su lugar en la hagiografía atlética. Es líder, héroe y capitán. Sabe quién es y lo que es capaz de hacer. Se empeña en compartir protagonismo con los secundarios, pero no hay quien le siga el paso. El Atlético 2011 es lo que es porque ese chico sigue de rojiblanco.

[...]

El partido lo escribió el argentino porque los otros veintiún futbolistas hicieron lo que se esperaba de ellos. Todos sentados, correctos, como niños obedientes con miedo a ser castigados. Tampoco Agüero hizo nada extraordinario. En medio tiempo, inventó un tanto, le anularon otro y partió varias cinturas en un par de jugadas geniales. Nada a lo que no acostumbre últimamente.

Sin embargo, la jugada del encuentro, y por poco de la temporada, la cosieron Reyes y Raúl García. El extremo templó desde la izquierda una pelota para la llegada del navarro, que midió los tiempos y empaló una deliciosa volea al larguero. Los remiendos de Quique, con el sevillano como extremo natural y el mediocentro parcheando, han dado cierto equilibrio al equipo. Un rato después, de un barullo y asistencia -melón- del 8 rojiblanco salió volado el balón que un Kun supersónico acompañó hasta la red.

Tras el gol, el Espanyol siguió a lo suyo. Sin Osvaldo ha perdido diente, pero aún así, el conjunto blanquiazul es una alegría para el fútbol español. Plagado de canteranos y de futbolistas con ganas de divertirse, el Espanyol trota con ritmo y sabe qué hacer con el balón. La conexión Márquez-Verdú, lejos de la brillantina, manejó los decibelios del encuentro, introduciendo balones en las rendijas de la mecánica rojiblanca, anoche a pleno rendimiento. La seguridad que ha recuperado Quique desde la vuelta de Domínguez -cuarto partido consecutivo a cero- asienta las bases de un equipo que recupera el tono a base de resultados.

Reyes marró solo ante Cristian Álvarez y una combinación entre Agüero y Filipe terminó salvada in extremis por Dídac tras genialidad del argentino. El lateral carioca, tras meses de tanteo, comienza a mostrar su zancada en ataque, a la que ha sumado aptitudes defensivas. El acordeón rojiblanco funcionó para tapar y salir echando chispas, a pesar de un segundo acto más conservador.

El único que levantó la voz fue Luis García, que apareció con dos disparos que escupieron De Gea y la cruceta. Ya en el descuento, el delantero asturiano logró el empate en un magistral libre directo imparable para De Gea y para nadie. Hubo más minutos para Koke, favorito del míster, y para empezar a masticar en la cabeza la idea de un derby copero 17 años después.

23 de diciembre de 2010

simao se marcha con las botas puestas. ATLÉTICO 1 - ESPANYOL 0


Un penalti extraño por manos fuera del área de Amat -tan extraño, curiosidad poética, como hace tres semanas, mismo escenario, mismos rivales, distinto agraciado- desniveló una contienda que confirma que el Atletico entra en microciclo de felicidad y el Espanyol pierde frescura respecto al fabuloso arranque de temporada de hace unos meses. En la última noche rojiblanca de Simao, que firmó con el Besiktas, De Gea volvió a ser el guardameta decisivo que su equipo necesita para sobrevivir en el filo.

El partido giró temprano con la lesión de Forlán, sustituido por Diego Costa, que entendió el partido como un duelo al limite de revoluciones: corrió y corrió sin saber nadie muy bien a donde pretendía llegar. Sin Forlán y con el brasileño desbocado, Agüero asumió galones sobre los charcos y monopolizó las ocasiones locales. Instantes antes del relevo, un contragolpe iniciado por De Gea y conducido por Reyes había terminado con un remate del Kun silbando el poste.




El Kun se paseó con descaro por la zona defensiva espanyolista, amargó la vuelta de Chica y no tuvo problemas con la rigidez de Víctor Ruiz. Solo el joven Jordi Amat, proyecto de gran defensor, pudo con el ímpetu del argentino. El gol de penalti de Simao, que culmina una semana que despide en lo alto al portugués, acomodó al Atlético, con ganas de estirar la tumbona. Mejor aún si De Gea se aplicaba como gato en detener la conexión Dátolo-Osvaldo y salvar el empate.

Como el partido iba bien, Reyes añadió pimienta. Sólo él es capaz de convertir una situación de ventaja en su autoexpulsión. La segunda en tres meses, está vez por empitonar a Dátolo, premio a la deportividad, que le había quitado el balón en falta al utrerano y después se lo pateó en la espalda. La reacción ingenua de Reyes, con más expulsiones que Arteche, le confirma como justiciero de sus propias causas, mala combinación con la cara de cordero que trata de encajar después.

A pesar de que el Espanyol apretó el paso, con la salida de Callejón, y encontró más que nunca a Verdú, el Atlético ajustó el juego posicional, más sólido que de costumbre, y se agarró al marcador. Los de Quique funcionaron bien con diez. Diego Costa cerró el pasillo de Reyes, y Assunçao aplicó sobre el agua su fútbol de rescate, especialmente útil. También se vió con estímulo a Filipe, que trata de ser el que fue, pero al que la rojiblanca aún le queda ancha.

Sin embargo, la presión del Espanyol hacía mucho daño. Sergio García se le coló al lateral zurdo y puso un balón al que acudieron Osvaldo con los tacos y De Gea con la manopla. El guardameta, aún dolorido, amargó después con una mano prodigiosa un testarazo del argentino, interesante ariete que estará muy solicitado al final de la temporada. El duelo entre goleador y guardameta volvió a darse un par de veces más, con intervenciones salvadoras del mejor De Gea desde Septiembre.

Con la defensa de Pochettino en el alambre, Víctor Ruíz rascó dos veces al Kun en la banda y terminó en la caseta. Diez contra diez, el Atlético se echó la manta encima y se dedicó a esperar. A esperar a Agüero, que de cada balón de treinta metros hacía malabares de trilero para terminar rozando el gol o frustrado ante Amat, el único que pudo frenarle en un par de llegadas francas. Se marchó entonces entre aplausos Simao, acostumbrando al Calderón a despedidas forzadas, demasiadas en los últimos doce meses.

28 de noviembre de 2010

el atlético se embarra. ATLÉTICO 2 - ESPANYOL 3


El babyEspanyol de Pochettino se ganó en el Calderón el derecho a ser tratado como un rival directo por los aspirantes a puestos Champions. Descarado y efectivo, el equipo catalán tumbó a un Atlético que remó en contra todo el encuentro y se quedó sin aire para el arreón final. La crispación final de Quique, expulsado, no reflejó el tono mental del equipo, que afrontó la dificultad sin prisa y con madurez, y por dos veces levantó un marcador encrespado. Un penalti raro, un fallo de su portero y una genialidad rival resumen el abanico de explicaciones de los rojiblancos para esquivar una realidad preocupante: 1 punto de 18 ante los seis primeros de la tabla.

Tres actos inesperados explican el partido en el marcador, pero en el verde el duelo se niveló porque Pochettino ha envalentonado a un grupo de imberbes capaces de plantarse sin miedo en el Bernabeu -donde salieron indignados- o el Calderón. Los catalanes forman un bloque robusto que se asienta en las individualidades: la seguridad de Kameni, la zurda de Javi Márquez y la insistencia de Osvaldo. El argentino se marcó un partido escandaloso que coronó con un tanto de bandera.

El Espanyol engaña. Con una defensa que promedia la edad de un filial, el equipo catalán muestra sin embargo una solidez y tensión impropias. Es agresivo, descarado y maneja todas las situaciones del juego, incluso aquellas más propias de la veteranía. En el tramo decisivo, cancheó mejor, frenando la euforia atlética tras el empate, y además añadió golpeo a la ecuación, hasta ahora su punto débil.

El Atlético mantuvo la intensidad, se levantó de los golpes y siempre tuvo fe, incluso ante aquello que no pudo manejar. El primer tanto le llegó al Espanyol de manera inesperada, en un penalti por manos de Reyes cuando protegía su pecho. Luis García reventó el cuero. Fue encomiable la reacción atlética, que recordó la épica en San Sebastián y retomó el control. No cayó en la ansiedad y siguió jugando sin precipitación, a una décima del gol toda la primera mitad.

El partido lo masticaba Márquez en la cocina, con Verdú a veces y escoltado por el derroche de Baena, muy superiores a Tiago y Mario Suárez. Perdido el pasillo central, el equipo rojiblanco se echó a los costados, donde sí fue peligroso. Reyes y Simao percutieron durante un rato, sobre todo el portugués, que marró un remate a un par de metros de la portería. Se echó en falta la profundidad de Filipe, tan obsesionado por cumplir el rigor defensivo de Quique que apenas se descolgó.

Kameni, inspiradísimo, frenó media docena de ocasiones. Sin embargo, al camerunés no le dió para evitar finalmente el tanto atlético, sobre la bocina. A martillazos, en un córner, Tiago logró embutir el balón en la red, tras triple remate en el área pequeña.

En la primera tras el descanso, golpeó de nuevo el Espanyol. Osvaldo ganó una carga a Perea y se plantó ante De Gea, experto en blocajes, que quedó sin embargo en plastilina al tratar de atajar un balón raso con la rodilla, dejándolo franco para el rechace de Verdú. Lo arregló el guardameta poco después, al salvar el tercero en remate a bocajarro de Osvaldo.

Reyes se desvaneció y la guerra volvió entonces a Agüero, que reanimó al equipo tras un gran pase interior de Forlán. El argentino ejecutó solo ante Kameni y convocó al Calderón a la épica. Sin embargo, no empujó el Atlético lo esperado, sin gasolina, y apareció entonces Osvaldo para cerrar una actuación estelar. En un centro desde la diestra, el argentino engachó una volea descomunal en el primer palo, en un remate complejísimo que deshizo la igualada.

Se revolvió el Atleti cuando se vió encerrado, ya pasado de revoluciones, para malperder. La imagen de su entrenador trastornado devora el análisis real del encuentro, que dejó un intencional Atlético, valiente y con reacción frente a un Espanyol que se manejó con criterio a veces y con frialdad siempre.